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Testimonios sobre el aborto
Os presentamos algunas opiniones y testimonios sobre el aborto.Y planteamos más opiniones a favor del derecho al oborto que en contra debido a que los grupos que se autodenominan provida inundan en la actualidad con demasiadas falsedades y códigos morales la red de internet.

Católicas por el derecho a decidir
Paloma Alfonso (www.catolicasporelderechoadecidir.org).

El aborto: argumentos e inquietudes desde la perspectiva de "católicas por el derecho a decidir".

Buenas tardes, primeramente quiero agradecer la invitación a estas jornadas en nombre propio y también en nombre del colectivo que represento, Católicas por el Derecho a Decidir, colectivo joven en España pero con más de 20 años de historia en EE.UU Y América Latina.

Me presento ante ustedes no como una técnica en leyes o teología sino como una mujer católica, profesional de otros temas, madre de familia, respetuosa de su tradición pero responsable y no pocas veces en conflicto con una jerarquía cuyas directrices, sobre todo en temas de moral sexual y derechos reproductivos resultan ya inaceptables incluso para una amplia mayoría de católicos practicantes.

He venido a hablar de algo que es un "secreto a voces" , el hecho de que por mucho que la jerarquía católica se empeñe, serios estudios y estadísticas oficiales muestran que la población católica del mundo entero ejerce su sexualidad de la forma más diversa y en muchos casos en clara oposición al magisterio oficial. Millones de católicos usan anticonceptivos, tienen relaciones sexuales fuera del "marco legal" del matrimonio, se divorcian y recurren al aborto ante un embarazo no deseado, etc. Es un secreto que tiene que ver con las prácticas sexuales y las costumbres de cientos de miles de personas y que puede resumirse de forma sencilla: el deseo sexual, la búsqueda de la felicidad, el derecho a la integridad corporal, son más poderosas que las doctrinas religiosas, que las admoniciones parroquiales y que cualquier arenga de confesionario.

Ese es el "secreto a voces". aunque la doctrina eclesiástica condena la anticoncepción moderna, muchos católicos y católicas recurrimos a ella: no obstante que el aborto está penado en la ley Canónica, un importante porcentaje de mujeres católicas recurren a él, especialmente mujeres pobres. ¿Se sienten excluidas de la comunidad católica esas personas cuando toman pastillas anticonceptivas o recurren al aborto?. Al parecer no. Un importante número decreyentes del mundo entero está en desacuerdo con estas prohibiciones aunque muestre su desacuerdo en forma silenciosa e individual.

Con respecto al tema del aborto, desgraciadamente, el opositor más vehemente y activo de la legalización del aborto es la Iglesia católica, romana y apostólica y asistimos, en los últimos tiempos, a un endurecimiento de la jerarquía con respecto a estos temas como es claro exponente la postura de la Conferencia Episcopal Española frente al debate de la reforma de la Ley del Aborto en nuestro país y la introducción del 4° supuesto.

Lo primero que quisiera destacar es que el magisterio de la Iglesia ha evolucionado en estos temas, como en otros ,lo que significa que es posible siempre la revisión. Y que nunca se ha hablado ex - cátedra sobre estos temas. Por lo que el debate está abierto.Antes de entrar a discutir los argumentos que presenta la Iglesia oficial quiero aclarar que desde CatóIicas por eI Derecho a Decidir el aborto no es considerado bueno e inocuo. Pero la continuación de un embarazo no deseado que pueda representar una amenaza para la salud física y mental de una mujer entraña una serie de conflictos que sólo ella puede en conciencia valorar. Si la maternidad implica que la mujer se hace cargo de educar a sus hijos equilibradamente, lo mínimo es que tenga disposición de ánimo, voluntad y el amor necesario para que esta ardua tarea le reporte beneficios a ella y a sushijos.

Por otro lado, tener leyes que digan que el aborto no está permitido no implica que no haya abortos clandestinos inseguros, etc donde además de la vida del feto está en peligro y muy real, la vida de la madre. El aborto debe ser legal y la decisión sobre el mismo debe estar en manos de la mujer que está embarazada

Pero veamos más detenidamente lo que la jerarquía católica nos plantea: . EI aborto es un asesinato.- Lo que implica considerar al feto "persona" a partir del momento de la concepción. En realidad eso no lo enseña la Iglesia ni la teología católica. Históricamente en lo que se refiere al ejercicio del culto la Iglesia siempre ha considerado al feto como algo menos que un ser humano. No se bautiza el producto de un aborto involuntario ni se practican ritos funerarios para los fetos abortados espontáneamente. El documento "Domun Vitae" de la Congregación para la Doctrina de la Fe habla de que en la fecundación se inagura una nueva vida. El feto está vivo. Pero todas las partes del cuerpo están vivas. El esperma es vida, el óvulo es vida, pero ¿cuándo empieza a ser realmente una persona?

Además la Iglesia considera lícita la guerra justa, la pena de muerte, la defensa propia aunque se trate de la vida de personas bien concretas y definidas porque el principio del respeto a la vida humana está limitado en circunstancias especiales. Todos los abortos sin excepción incluso los necesarios para proteger la vida de la madre son condenados, pero otras muertes que deben ser valoradas por hombres no por mujeres normalmente, son moralmente posibles, ¿no evidencia esta postura una falta de confianza en la capacidad de las mujeres para tomar decisiones justas y morales?

EI respeto a la vida es un instinto universaI. Según este argumento todas las "personas de bien" saben por instinto que el aborto es la destrucción injustificable de vida humana. Este argumento desconoce y no respeta la postura y los valores éticos de otras religiones que permiten el aborto bajo ciertas circunstancias aunque lo consideren un asunto delicado. ¿Están estos líderes religiosos fuera del sano y correcto "instinto universal" y carecen de valores morales válidos?

.. ¿Pero no es un hecho que nos muestran los antropólogos el que las normas, incluso las normas morales, no obedecen a razones instintivas sino que son productos culturales y por ello convencionales?

La irresponsabiIidad masculina.- Esta retórica en contra del aborto la está desarrollando últimamente el llamado "'feminismo pro vida". Este movimiento se inició en EE.UU y afirma que la legalización del aborto exime de responsabilidades a los hombres y a la sociedad. Sostiene que se induce a las mujeres a abortar para que los hombres puedan evadir la responsabilidad de mantener a los hijos y para que la sociedad evite su responsabilidad con respecto a las mujeres y a los niños.

Sin duda alguna, es necesario que los gobiernos presten más atención a las mujeres y a los niños. Pero también es cierto que no hay pruebas de que en los países donde el aborto es ilegal los gobiernos hayan asumido mayores responsabilidades hacia ellos que en los países donde sí es legal. En Polonia, por ejemplo, donde recientemente el aborto es ilegal, se han recortado drásticamente los servicios de salud materno - infantil. Cuba, único país latinoamericano donde el aborto es legal goza de los programas gubernamentales con mayor cobertura de apoyo a las mujeres, los niños y la familia.

Las feministas pro-vida mantienen que el aborto es una violencia contra la mujer. Sin embargo las mujeres sufren muchos tipos de violencia donde no es menor el verse obligada a dar un hijo en adopción por carecer de medios para criarlos o el que se las obligue, como ocurrió en Bosnia, a asumir el producto de una violación.

Desde "Católicas" pensamos que la vida es sagrada, que la vida de los niños es sagrada, que la vida de las mujeres también es sagrada. Pensamos que debemos hacer todo lo posible para no crear nueva vida cuando no la podemos traer al mundo. Debemos hacer lo posible para ayuda'r a las mujeres a que no se embaracen cuando no lo desean o no pueden, pero una vez que está embarazada una mujer, debemos respetar su derecho a decidir. Forzar a alguien a un acto que debería ser sagrado nos parece inaceptable y muy sospechoso y suspicaz con respecto a las mujeres y su capacidad moral.

Desde "Católicas" pensamos que hoy es necesario hacer valer los derechos humanos que hablan de la libre opción, de libertad e igualdad frente al ejercicio de la sexualidad. Reconocemos como aspectos capitales que posibilitan el ejercicio de estos derechos el poder de tomar decisiones autónomas, fundamentadas e informadas, y los recursos materiales para tener acceso a los servicios, métodos y técnicas que hacen realidad ese poder.

Nos identificamos con la definición de los derechos reproductivos adoptada en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo celebrada en el Cairo en 1994 en tanto que pone en pie de igualdad a los hombres y a las mujeres y reafirma el inalienable derecho de las mujeres a ser ellas mismas las que tomen decisiones reproductivas con información, responsabilidad y seriedad.. Y estamos comprometidas con las mujeres y con la defensa de sus vidas y sus derechos aunque eso implique una fuerte e inquietante polémica con una jerarquía cuyas prácticas resultan absolutamente obsoletas en el umbral del siglo XXI.


He abortado
Patricia Karina Vergara Sánchez.

Yo he abortado y no morí, ni me siento culpable, ni quede con una eterna depresión, ni estéril, ni deje de disfrutar mi posterior maternidad elegida, ni me retuerzo en el infierno; ni ninguno de los horrores que vaticinan los conservadores para las que decidimos sobre nuestros cuerpos.

El Papa y la Ciencia
Editorial "The LANCET" 26/Enero/2008.

La semana pasada, el Papa Benedicto XVI se vió forzado a cancelar una conferencia en La Sapiere, Universidad de Roma, después de la protesta realizada sobre su pasada defensa sobre la herejía de Galileo y en defensa de la Iglesia Católica en el año 1663. Profesores y estudiantes de la Universidad acusaron al Papa de tener posiciones hostiles hacia la ciencia.

En sus tres años de papado, el Papa ha mostrado signos de apoyar la ciencia. Ha dicho”existe una evidencia científica sobre la evolución”. En 2006, El Vaticano financió a científicos sobre el cambio climático. Y, en una conferencia científica que dio el último año en la ONU dijo:” La humanidad hoy esta convencida sobre el balance ecológico del mañana”.

Desafortunadamente, sin embargo, cuando hablamos de la salud global, el Papa es menos positivo.

Preguntado en el Concilio Pontifical por la Pastoral de Cuidados de la Salud sobre el estudio científico y moral de los preservativos para prevenir el VIH, Benedicto no ha cambiado la posición de la Iglesia sobre este uso para prevenir la infeccion. Este Conservador Pontífice ha reafirmado la incondicional oposición de la Iglesia al aborto. No todos, de los más de mil millones de católicos del mundo, están de acuerdo con las posiciones del Papa en estas cuestiones de ciencia y salud. Existen muchos católicos y líderes religiosos quienes apoyan la importancia de los preservativos en la prevención del VIH y saben que 68.000 mujeres cada año mueren por la realización de abortos inseguros. El cardenal Carlo Maria Martini, por ejemplo, que fue candidato a Papa en 2005, ha promocionado el preservativo para la lucha contra el VIH. El cardenal también ha dicho que la legislación sobre el aborto debe de tener un efecto positivo en reducir el número de abortos ilegales. Trabajadores católicos ayudan a promocionar en sus países la política vaticana, en algunos casos distribuyendo privadamente preservativos contra el VIH. Son estos católicos los que hacen que ciencia y religión no sean incompatibles. El diálogo entre científicos y líderes religiosos debe ser siempre aperturista, en los campus universitarios y en cualquier lugar, aún si los científicos discrepan con la interpretación de la Iglesia sobre el mundo que nos rodea.



El aborto en la UE

La tasa más baja de abortos que se ha registrado en la UE corresponde a Bélgica, los Paises Bajos y Alemania (alrededor de 7/1000 mujeres), el grupo intermedio lo forman Finlandia, Francia e Italia (aprox. 12/1000 mujeres), los niveles más altos se encuentran en Suecia, Reino Unido y Dinamarca (cerca de 17/1000 mujeres), con Suecia a la cabeza (18/1000 mujeres). En los paises candidatos, los indices son mucho mas elevados que en la UE. Las tasas de abortos oficiales más bajas corresponden a la República Checa (17/1000), Lituania, Eslovaquia y Eslovenia (21/1000 mujeres); el gupo intermedio esta compuesto de Bulgaria, Letonia, Estonia y Hungría (aprox. 40/1000 mujeres), y el nivel más elevado se encuentra en Rumanía (52/1000 mujeres).

Las políticas relativas al aborto difieren de un Estado miembro a otro, lo cual explica que las mujeres viajen entre los estados de la Union para que se practique el aborto. La política más restrictiva es la de Irlanda, en donde sólo se permite el aborto para salvar la vida de la madre; en Portugal y España, el aborto es legal en caso de malformación fetal o violación o para proteger la salud física o mental de la mujer, aunque en Portugal se introdujo en Julio de 207 la despenalización a libre decisión de la mujer hasta las 10 semanas.

Otros paises permiten el aborto por razones médicas y socioeconómicas. En la mayoria de los paises, el límite en el período de gestación para practicar el aborto es de 12 semanas; pasado ese tiempo, todavía es posible practicar el aborto en determinados paises en circunstancias especiales. En algunos paises, se necesita el consentimiento de los padres en caso de quien aborta es menor de edad. Los costes varia; muchos gobiernos incluyen el aborto en los sistemas de seguridad social nacionales: otros sólo proceden de este modo cuando el aborto tiene una justificación médica.

En Europa Central y del Este, el aborto es una de las causas principales de morbilidad materna. En Polonia, el aborto se ha ilegalizado tras 40 años de aborto legal y ampliamente accesible.

Chipre ha estringido su política de abortos (en caso de violación, malformación fetal y para proteger la salud física o mental de la madre). En Turquia, es necesario el consentimiento del cónyuge.

Aborto y Salud reproductiva
Jornadas internacionales (FPFE).

La FPFE reconoce el control sobre la fecundidad como un derecho básico de las personas y como un elemento de progreso social. Para ejercer ese control hombres y mujeres utilizan fundamentalmente métodos de planificación familiar pero también el aborto es una opción, a veces la única, para conseguir ese objetivo. Por tanto no es posible desligar la defensa de la planificación familiar de la defensa del derecho al aborto.

El deseo de tener un hijo o el deseo de no tenerlo, unido a la decisión que en un momento determinado se tome sobre un embarazo ya iniciado, moviliza tal cúmulo de sensaciones personales y tiene tantas implicaciones sociales que no es posible afrontarlo desde un enfoque parcial.

Todo lo relacionado con la IVE requiere una visión multidisciplinar, en la que se pueda combinar tanto los aspectos individuales como colectivos, privados y públicos y sobre todo, donde se tenga en cuenta la opinión y las necesidades de las mujeres. Por ello, la FPFE no pretende liderar el amplio movimiento existente en defensa del derecho al aborto sino aportar con humildad los esfuerzos realizados en este campo, trabajando en colaboración con otros colectivos y asociaciones cuyos fines son, en este campo, afines.



Las fronteras del derecho a decidir
Marta Lamas, Letra S (México).

El Estado laico mexicano garantiza la convivencia social sobre la base de la tolerancia y el respeto a la diferencia. En el siguiente texto, la antropóloga feminista Marta Lamas registra los renovados embates del fundamentalismo católico, su empecinado rechazo de los derechos reproductivos y sexuales y los riesgos que su atraso cultural representan para la consolidación de nuestra democracia.

Para quienes hoy enfrentan el fundamentalismo de la Iglesia católica, la separación Estado-iglesia resulta vital. Al legalizar el ámbito civil, Benito Juárez reconoció a los habitantes de México, el estatuto de ciudadanos antes que el de fieles, ofreciéndoles la posibilidad de elegir si continuar o no bajo el yugo de los abusivos privilegios eclesiásticos. De lo que se trata en la vida es precisamente de poder elegir, de decidir cómo se quiere vivir, con quién y haciendo qué. Aunque jurídicamente los mexicanos son libres y tienen los mismos derechos, la realidad es otra.

La posibilidad de decidir está ligada al acceso igualitario a las oportunidades, en especial a la educación. Para la construcción de una nación más justa es imprescindible que la razón se emancipe de la fe. Las ideas laicas y las autoridades independientes del poder eclesiástico defienden la autonomía del pensamiento. Los habitantes del siglo XXI no debemos olvidar la Guerra de Reforma. La separación Estado-iglesia es sana porque permite que las personas crean en lo que quieran creer y se reúnan libremente con otras personas que creen lo mismo, pero sin caer en confusiones como la de querer imponer a toda la sociedad dichas creencias.

Una verdadera convivencia pacífica dentro del pluralismo requiere contar con un Estado laico que garantice un régimen de tolerancia y también el imperio de la ley y la razón. Pero conseguir tolerancia no es sencillo.

¿Cuáles son hoy las fronteras del derecho a decidir? Básicamente las que se fijan entre lo público y lo privado. En todo el mundo está visto que las decisiones sobre la vida privada dependen de la conciencia y los valores de cada persona, y no de los dictados de altos funcionarios de instituciones religiosas o del gobierno. La jurisprudencia plantea que el principio de privacidad personal tiene al centro los conceptos de "inviolabilidad de la personalidad", "la intimidad" y la "integridad corporal". Por eso, la defensa de la privacidad consiste en el derecho de la persona a no sufrir la intrusión gubernamental injustificada, en asuntos que la afectan como la sexualidad y la reproducción.

La coincidencia amorosa, el deseo sexual, la decisión de compartir la vida con otra persona, la paternidad y la maternidad no son decisiones públicas. Son expresiones individuales que conllevan derechos ciudadanos para su ejercicio. Pero he aquí, que la iglesia católica no acepta que las personas tomen decisiones íntimas sobre su sexualidad y su reproducción. Al contrario, se mete hasta la cocina y exige que se tengan todos los hijos que Dios desee, prohibe cierto uso de los órganos corporales, pontifica sobre la suciedad del sexo por placer y presiona para una reproducción sin límites. Por suerte, gran parte, si no es que la mayoría de las y los mexicanos tienen actitudes más liberales y tolerantes respecto a la sexualidad y la reproducción que las planteadas por la iglesia católica: se divorcian, usan anticonceptivos, interrumpen embarazos, tienen relaciones con personas de un cuerpo igual al suyo.

Caridad y tolerancia represiva

Para frenar estas conductas supuestamente condenables, los grupos religiosos invocan dogmas religiosos, presionan y amenazan. Ante una Iglesia católica detentadora de la "Verdad" nada sirve exigir que este monolito dogmático se informe y se ponga al día científicamente. No nos van a hacer caso. Lo único que podemos hacer es demandar tolerancia. Pero la verdadera tolerancia está muy lejos de esa forma común de la tolerancia que Marcuse llamó "tolerancia represiva" y que se trata de una actitud hecha de superioridad moral, como la del típico católico dogmático que subido en el pedestal de esta Verdad absoluta, mira con una mezcla de compasión y de desprecio a los que viven en el error y tolera su existencia, los aguanta. Esta tolerancia represiva que funciona como una concesión acepta a "regañadientes" un mal inevitable, la existencia de los otros, los diferentes, los no católicos, los no decentes. Este tipo de tolerancia no establece como un valor democrático el verdadero respeto a la diferencia. De esta manera se fomenta el error original: "Yo estoy bien, tú estás mal, pero te aguanto". Esto genera una serie de consecuencias negativas. Muchas versiones de este tipo de tolerancia represiva, sirven para recubrir actitudes profundamente negativas.

En México, la falta de vigencia de algunas libertades fundamentales hace que ante las intransigencias, vejaciones y violaciones a sus derechos, muchas personas valoren esta tolerancia represiva y la vivan como caridad: mejor recibir compasión que recibir insultos, vejaciones o linchamientos.

Pero junto a esta asquerosa tolerancia, que es una condescendencia de quienes se consideran en posesión de la Verdad, hay otra forma intolerable de tolerancia que debe ser denunciada y combatida: la tolerancia con los intolerantes. La Iglesia católica romana es la institución más intolerante en nuestro país. El Papa desde su supuesta infalibilidad, y los prelados y funcionarios católicos que lo secundan, se aprovechan del peso simbólico que tiene la ideología católica en la cultura mexicana para expresar sus opiniones y reglas, como si se tratara, una vez más, de la "Verdad revelada" y tratan a las demás posiciones, incluso a las científicas, como si fueran falsas o estuvieran equivocadas.

El gran peso del catolicismo dificulta en México la reglamentación racional de cuestiones vitales para la población, relativas a la sexualidad y a la reproducción. Los derechos sexuales y reproductivos suponen libertad e igualdad. Libertad para decidir, e igualdad de acceso a la educación y a los servicios médicos. En los derechos sexuales y reproductivos, así conceptualizados, se encuentran vivos los principios políticos de una democracia moderna pluralista. Por eso estos derechos son un eje articulador en la lucha por la democracia.

En las fronteras del derecho a decidir se ubican los derechos sexuales y reproductivos y los ponemos del lado de las decisiones privadas, aunque pongan al centro el debate relativo a la calidad de la vida, la responsabilidad individual y la libertad de conciencia. Sólo un Estado laico pude ofrecer el marco de respeto necesario para que la sociedad decida sobre estos temas según sus creencias religiosas. Por ello, hoy en día es imprescindible confrontar a la jerarquía católica por la presión que ejerce sobre estas libertades individuales y sobre las políticas públicas.

El laicismo es el cimiento de un Estado democrático que pretende ofrecer igualdad a las personas a partir del principio de soberanía popular y de la libre determinación de los individuos. Sin pensamiento laico no se desarrollan ni la ciencia ni la democracia moderna. El laicismo nos libera de la pesada servidumbre del totalitarismo católico con sus dogmas inamovibles y sus poderes inapelables. El laicismo articula la convivencia sobre la base de la tolerancia y del respeto a la diferencia.

Fernando Savater sostiene que la modernidad democrática ha significado el triunfo del laicismo en la vida pública. Sin embargo en México, la vida pública sigue teñida por las posiciones del clero católico que se hace sentir cada día más.

A partir de las reformas en el artículo 30 constitucional, y aquellas impulsadas por Carlos Salinas, la jerarquía católica ha encontrado mayor libertad de acción. En estos últimos años se multiplican las declaraciones de obispos sobre asuntos públicos. Y no sólo el arzobispo se entromete en política sino que empresarios del Opus Dei y de los Legionarios de Cristo presionan al gobierno para que adopte la agenda teológica en sus políticas públicas, y boicotean y amenazan con retirar su publicidad de los medios de comunicación si se habla de condones y métodos anticonceptivos. Un empresario de la empresa Bimbo y otros de la compañía Domecq optaron por presionar a los canales de televisión cuando Lucía Méndez presentó el videoclip sobre anticonceptivos.

Un hecho que les parece molesto o del cual discrepan, lo convierten en campaña, no sólo desde los púlpitos y confesionarios, como siempre ha sido, sino también a través de los medios masivos de comunicación, arrogándose la representatividad absoluta de la sociedad mexicana. La Iglesia católica trata de impedir que se hable de pluralismo y de diversidad, se declara en contra de la modernidad y nutre persecuciones de minorías y violaciones de derechos humanos con su fanatismo intolerante. Utiliza abiertamente su gran poderío económico y su influencia para tratar de moldear la opinión pública y para impedir que se expresen posturas distintas a las suyas.

Fernando Savater cuestiona cómo los religiosos católicos insultan impunemente a los demás; por ejemplo, las declaraciones del Papa y sus obispos sobre el aborto (al que equiparan con un crimen terrorista o nazi) ponen a la mayoría de las personas partidarias de la despenalización del aborto, al nivel moral de los más viles asesinos. Savater observa, atinadamente, que cuando los jerarcas de la Iglesia católica dicen estas barbaridades, nadie los acusa de intolerantes o de herir las convicciones ajenas, o de antilaicistas. Como bien señala, la ventaja de ser fundamentalista en una sociedad mayoritariamente tolerante, es que te aguantan las barbaridades que dices.

Pero eso no es todo. Savater pone otro ejemplo: "Si un candidato o gobernante en cualquier país democrático hace una alusión a la divinidad (y dice, Gracias a Dios), ningún ateo entre sus votantes se tiene que sentir discriminado por tal invocación, ni menos ofendido. Pero si ese candidato o gobernante, u otro, se atreve a hacer algún comentario que descarte inequívocamente la creencia en potencias celestiales, además de quedar como un patán que agrede sin miramientos a la fe de los demás, se va a ganar una campaña en contra que va a mermar seriamente sus posibilidades electorales. Vemos pues la gran contradicción."

Profesionales de creencias inverificables

El destino de las personas democráticas y respetuosas es ser tolerantes con los intolerantes. Es evidente que las expresiones fundamentalistas de la Iglesia católica son contrarias a las libertades civiles en una sociedad como la que estamos construyendo. El desafío democrático reside en ser respetuosos y muy tolerantes de las creencias religiosas pero sin permitir, sin tolerar, como lo dice Savater, que estos representantes profesionales de creencias inverificables, dicten a la pluralidad del conjunto social sus prohibiciones, la obediencia a sus normas que pretendan castigar las blasfemias que les desagradan o que intenten recabar derechos distintos a los de la democracia laica y privilegios especiales para sus instituciones y feligreses.

Estos representantes profesionales de creencias inverificables están prohibiendo en este momento, al conjunto de la sociedad mexicana, la educación sexual, el uso de anticonceptivos, el derecho a elegir a quien amar, la posibilidad de remediar un embarazo no deseado y varias cuestiones más. La Iglesia católica pretende imponer a todas las personas serias restricciones a su libertad personal violando la separación Estado laico/iglesias.

Por eso habría que preguntar si se puede aceptar como interlocutora válida, a una institución dogmática que no comparte los cánones modernos de racionalidad, respeto a la pluralidad, y espíritu democrático. O dicho de otra manera, ¿cuánto tiempo más vamos a tolerar la intervención de El Vaticano instrumentada por el arzobispo, el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, y secundada por el PAN?

El corazón de la democracia es el respeto a las minorías y la legalidad que reconoce derechos a todos los ciudadanos sin importar sus creencias. En cambio, para la Iglesia católica la opción es "estás conmigo o estás contra mí". La ciencia y la técnica escapan al control de la iglesia, y por ello también la iglesia repudia la autonomía del pensamiento, de la razón. Ante esto, el Estado tiene que introducir forzosamente la racionalidad como un elemento básico para construir el sentido colectivo de la existencia. El régimen imperfecto de la modernidad es la democracia y ésta obliga a respetar las distintas posturas en materia de moral privada. Desde luego, como señala Savater, las iglesias suelen hacer creer a la gente que algo que ha sido decidido en la tierra, proviene del cielo. Es decir, las decisiones del Papa y de los obispos, basadas en sus esquemas y paradigmas cognitivos, las plantean como si fuera la palabra de Dios.

El valor que tuvo Juárez para desafiar a la iglesia en el siglo XIX no lo tiene hoy ningún político. Los gobernantes mexicanos actuales tienen miedo de enfrentar las actitudes sexistas y homófobas de la iglesia. Tienen pánico a denunciar sus mentiras y temen aplicar la ley. Por tratar de evitar un enemigo poderoso en la contienda electoral, renuncian a asumir seriamente el carácter ético de los valores democráticos entre los que destaca la defensa del Estado laico.

Renunciar al laicismo es renunciar a la modernidad y es darle entrada al arrogante fanatismo oscurantista. Es importante hacer la distinción entre modernidad y modernización. La modernización constituye un proceso histórico basado en la transformación de los procesos productivos, de las pautas de consumo y de trabajo, y del acceso a bienes y servicios. Por el contrario, la modernidad constituye un proyecto cultural que difunde valores vinculados a la promoción de la libertad individual, de la libertad social, al progreso social en el sentido de desarrollo de potencialidades personales, y a una vocación democrática que lleva a la defensa de la tolerancia y la diversidad.

Quienes optamos por la ampliación de la libertad personal ante la autoridad del Estado y de las iglesias, sabemos que no se alcanza la modernidad sin "tolerancia de la buena". La gran tarea y la esperanza de una ciudadanía democrática es que cada uno de nosotros sea capaz de tolerar y ser tolerado. Esta es una actividad compleja, desafiante de los fundamentalismos, que requiere grandes dosis de respeto.

Las fronteras del derecho a decidir se deben demarcar con el respeto:

  • El respeto al derecho ajeno es la paz,
  • El respeto a la sexualidad ajena es la paz,
  • El respeto al aborto ajeno es la paz,
  • El respeto a las creencias ajenas es la paz,
  • El respeto al ateísmo ajeno es la paz,
  • El respeto a la vida ajena es la paz.

    Vamos respetando las fronteras entre lo público y lo privado.

    Vamos respetando el derecho de las personas a tomar decisiones privadas en materia de sexualidad y de reproducción.

    Vamos respetando la frontera necesaria entre Estado laico e iglesias.

    La penalización es injusta, inútil e inmoral
    Luis Pérez Aguirre (sacerdote).

    Este artículo, * el primero que escribió sobre el aborto, le valió en su momento al sacerdote Luis Pérez Aguirre una sanción de la Iglesia Católica. Desde un punto de vista cristiano, el recientemente desaparecido sacerdote marcaba una posición absolutamente discrepante con las definiciones oficiales del Vaticano y de las autoridades de la Iglesia uruguaya.

    Luis Pérez Aguirre La presentación de un nuevo proyecto de legislación sobre el complejo problema del aborto en nuestro país tiene de positivo el que se vuelva a hablar del tema sin tapujos. Pienso que el objeto central del debate debe ser siempre apoyar a las personas que se encuentran ante el doloroso dilema del aborto. Habría que dar signos claros en ese sentido dado que lo polémico del asunto hace que se tiendan a polarizar las posiciones en torno a si estamos ante un crimen o no, si hay que penalizar o despenalizar el aborto, si la persona empieza su existencia en tal o cual momento, etcétera.

    Ayudará al esclarecimiento del debate puntualizar en brevísimos párrafos cual es la posición oficial de la Iglesia Católica respecto del aborto para luego explicar en que puntos pienso que deberá avanzar una nueva propuesta cristiana.

    La Iglesia afirma en el reciente catecismo que "la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida". (n.2270.Cfr. Congr. Para la Doctrina de la fe, Instr. Donum vitae 1,1).

    Después de afirmar que "desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado y que esta enseñanza no ha cambiado"(n.2271), sostiene que "la cooperación formal a un aborto constituye una falta grave (y) la Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana"(n. 2272).

    Dice también que debe ser elemento constitutivo de la sociedad y de su legislación, entre otras cosas, "el respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción a quien debe nacer (y) exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos"(n.2273). Finalmente, "puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad"(n.2274).

    MI PUNTO DE PARTIDA. Por si después no queda claro, ayudará a establecer desde ya cuál es mi posición personal y lo que quiero proponer aquí como alternativa cristiana.

    a)Todo aborto es destrucción de una vida humana (no digo persona humana) y, como tal, un gravísimo e irreparable daño.

    b)El concepto de crimen es difícilmente aplicable al aborto. Es más, pienso que en Uruguay la mayoría de los abortos no caen bajo la ley que los considera como un crimen imputable. Por ello me siento obligado a estar del lado de las mujeres que se han sentido impulsadas a abortar.

    c)La penalización del aborto no soluciona el problema planteado y de hecho, resulta en una grave injusticia, dañina en la inmensa mayoría de los casos. Por lo tanto es inmoral y no puedo menos que estar totalmente en contra de la penalización del aborto.

    d)Todas estas afirmaciones se desprenden de mi convicción moral cristiana que creo se enraíza en el espíritu de Jesús.

    Si de todo sufrimiento humano debemos hablar con respeto y vergüenza de no hacer todo lo posible por superarlo, con más razón de la angustia, la agonía y la culpabilidad inducida por el aborto en nuestra sociedad.

    Me hago cargo del hecho de que como varón nunca podré sentir y vivir esa situación como la mujer. También del hecho que no lo pueden vivir y discutir de la misma manera las mujeres que lo han vivido y aquellas que no; de quienes lo vivieron acorraladas y empujadas a ello por muchas razones y quienes lo vivieron con recursos materiales y otras seguridades. Debo dejar constancia también del silencio sufriente de las víctimas más indefensas y afectadas por el aborto: las mujeres pobres, los fetos y sus familias.

    Detrás del problema del aborto, de su penalización o no, se juegan otras realidades humanas muy graves: la dignidad de la mujer, la injusticia social, el machismo, la ignorancia respecto de la sexualidad, diferentes actitudes culturales y morales respecto de la vida, el uso de anticonceptivos, de la moral, el papel de las autoridades civiles y eclesiásticas, etcétera. Esto complica y generalmente desvía el debate llevándolo a callejones sin salida.

    Es claro para todos que el aborto siempre es una tragedia, un daño irreparable. Nadie justifica el aborto en principio y todos pensamos que hay que luchar contra él eficazmente. Ninguna mujer aborta por deporte, gustosamente o por diversión.

    ACERCA DE LA JUSTICIA. A los efectos de centrar el debate me parece imprescindible aclarar qué es hacer justicia.

    La primera forma de entender como se establece o repara la justicia es ajusticiando (de acuerdo con la ley) al culpable de un delito. Esta justicia, la nuestra, termina en la cárcel o su equivalente de acuerdo con la gravedad del dolo.

    La segunda forma de entender qué es hacer justicia, significativamente la inversa de la anterior, afirma que basta con encontrar una ley o una tradición moral (y una autoridad) que explique o avale, que justifique nuestro comportamiento, para que hayamos cumplido con la justicia.

    Pues bien, pienso que ninguna de las dos posiciones tiene nada que ver con la solución justa. Por eso sólo cabe una tercera manera de entender el hacer justicia. Creo que nos ayudaría aquí usar el término ajustar. Para el humano, hacer justicia es (debería ser) lograr – creativa y responsablemente- la supervivencia de toda vida en el cosmos: que la realidad y los seres vivos (especie e individuos) se ajusten armoniosamente de tal manera que sea posible al supervivencia de todos.

    Se debe centrar el debate en descubrir qué pasos hay que dar para evitar, de manera realista y eficaz, el que se sigan realizando abortos, o mejor, para evitar que una mujer se tenga que plantear el aborto como única alternativa, o como la menos amenazante en un momento concreto de su vida.

    EVITAR LOS ARGUMENTOS FALACES. No se puede simplificar la polémica sobre el aborto en dos bandos extremos irreconciliables: el que dice que para salvar fetos hay que ajusticiar, eliminar o sancionar socialmente a las madres y el que sostiene, por el contrario, que para defender a las madres se puede aceptar o justificar la destrucción de los fetos. En esta disyuntiva de hierro lo trágico es que se ajusticia siempre a la propia víctima, porque es la más débil, la que no puede o no tiene los medios para defenderse.

    Detrás de estas simplificaciones está una posición social hipócrita, dispuesta a no conceder que una mujer pueda abortar ni tampoco a que pueda tener os hijos que quiera sin que la corran de la casa sus padres o sus maridos, que no le den trabajo o la corran del trabajo los patrones por estar embarazada, que la excomulguen de la Iglesia, o simplemente la corran de la vida el hambre y la miseria.

    Claro, es mucho más fácil evitar todo este conflicto amenazándola con la cárcel si aborta. Siempre será más fácil eliminar fetos o mujeres que luchar contra las verdaderas causas sociales del aborto. Lo paradójico es que ninguna de lasa dos posiciones ha llevado nunca a terminar con los abortos sino con las víctimas. Mientras persistan las causas que llevan a las mujeres a abortar, ellas seguirán abortando.

    -El embrión no es parte del cuerpo materno.

    Ninguna persona medianamente informada de las realidades biológicas puede sostener hoy día que la mujer es una especie de recipiente y que dentro de ese "frasco" hay un feto que tiene el inviolable derecho a vivir. Pero tampoco puede sostener que el feto es parte de la madre. Es un hecho biológico incontrovertible que ya el cigoto tiene una carga genética propia, y que por lo tanto no puede ser considerado parte del organismo de la madre. En el caso del feto, además, regula sus propias funciones, etcétera. Ninguna mujer embarazada, por lo demás, piensa que lleva una especie de tumor o excrecencia en su propio organismo. Por otro lado sería ridículo no sostener que sólo quien puede embarazarse es la mujer. Una probeta nunca podrá estar embarazada a pesar de que contenga en su interior un óvulo fecundado.

    -Mi cuerpo es mi propiedad

    Podemos también decir que el manido argumento de algunas feministas de que mi cuerpo es mi propiedad, también es parcial y falsea la realidad. Presupone una visión individualista e irreal porque "mi cuerpo" es también una realidad social y como yo pertenece a la sociedad, no puedo hacer con él lo que se me ocurre. Si la mujer tiene un derecho válido y fundamental a decidir sobre su cuerpo ese derecho es el de un ser social, no puede ser absoluto y totalmente independiente de los demás seres que conforman su realidad.

    *El embrión es una persona humana.

    Son varias las razones fijar con certeza científica el momento cuando aparece una persona humana:

    a)La inmensa mayoría de los cigotos nunca llegará a implantarse en la matriz (hasta el 80 por ciento) y sería extraño pensar que la propia naturaleza "desperdicia " la mayoría de las "personas".

    b)Antes de la anidación del embrión (unos 14 días) no existe individualidad, la estructura celular no define la individuación: pueden resultar gemelos (dos individuos) de un cigoto inicial, o un solo individuo de dos cigotos iniciales. Y parecería haber consenso en que la individualidad es constitutiva sine qua non de la persona.

    c) La información genética que posee el cigoto es insuficiente para su desarrollo. Para que continúe el proceso y haya persona se requiere información genética exógena, que no está presente en el cigoto. La presencia de un código genético en un cigoto desde el principio no determina la existencia de una persona. Esta información no es operativa para generar los procesos ulteriores de desarrollo.

    d) Se argumenta que entre el cigoto y la persona futura existe una relación de "potencia" y "acto". Es decir, que es persona "en potencia" la que después será persona "en acto". Pero este principio filosófico parece no operar en el terreno de la biología. No existe una relación física continua como de la potencia al acto, por la sencilla razón biológica de que el cigoto sólo sería potencia en términos de información genética. Si no entran en juego muchos otros elementos exógenos, la potencia que sería el cigoto nunca podría pasar a ser acto.

    Lo que sí existe es la posibilidad de un desarrollo continuo de la vida humana (de donde podemos deducir un principio vital) y junto a esa realidad aparece la de la debilidad inicial del ser humano, que permite visualizar al aborto como un al tramo más indefenso de la vida, y esto plantea una diferencia en el plano ético con otros tipos de agresión a la vida como la guerra defensiva o la pena de muerte.

    -La vida humana comienza con la fecundación.

    Pero la defensa de la vida humana no es absoluta en todos los casos, sabemos que siempre hubo excepciones. Y más allá del planteo ético, si vamos al extremo del dato biológico-estadístico, nos encontramos con que la misma naturaleza es normalmente abortiva. Los biólogos calculan con un amplio margen de verdad que el 70 u 80 por ciento de las concepciones tiene anomalías cromosómicas y termina en abortos debido al sistema de selección natural que opera durante los siete primeros días después de la fecundación. Y antes de la implantación, que generalmente se produce a los 21 días, lo que existe es información genética derivada de la conjunción entre el óvulo y el espermatozoide. Y para que se consolide esa vida es fundamental que intervengan en interactúen muchos otros factores ambientales. En este estadio no podemos hablar de persona humana, simplemente de vida humana en desarrollo.

    Y llevando más lejos el argumento de la moralidad o inmoralidad de interrumpir el proceso es importante saber que desde el punto de vista biológico es absurdo forzar posiciones éticas, políticas o religiosas, hablar de crimen o asesinato de una persona humana. Porque generalmente esos argumentos parten de una decisión de fijar arbitrariamente un momento de un proceso evolutivo.

    Entonces, el problema de la penalización de aborto se reduciría a ponernos de acuerdo en o siguiente: "¿A partir de qué etapa del desarrollo embrionario se justifica su interrupción? La discusión a este nivel resulta trivial desde el punto de vista biológico, ya que cualquier intervención humana cuya finalidad sea evitar el desarrollo de un óvulo tendrá la misma consecuencia: ¡impedir que nazca un bebé!(...) Si el óvulo es el eslabón entre una generación y la siguiente, ¿en qué etapa de su desarrollo es moral evitar que se continúe?".

    ¿QUÉ PUEDE DECIR LA ETICA?. En realidad muy poco y mucho a la vez, porque la ética raras veces abandona la ambigüedad y las generalidades. Y no las abandona porque no puede. El aborto es un excelente ejemplo de la insuficiencia de los imperativos categóricos para resolver casos concretos, y también un ejemplo de la autonomía de la persona como última instancia decisoria.

    ¿El derecho a la vida está en el mismo plano que los otros? Yo creo que no, pero el valor de la vida no es único, hay otros valores y es común que se den conflictos de valores entre vida y libertad, entre hijo y madre, entre hijos, etcétera. Hay muchos valores y conflictos generalmente muy difíciles de solucionar. Pero también vimos que el valor de la vida no es un valor cualquiera, tampoco es un valor único, es un valor radical, fundante. El asunto es que la vida siempre será un valor fundamental, no un mero concepto descriptivo. Al menos siempre nos sería difícil reducirla a la mera vida biológica.

    Llego a la conclusión de que, por tal razón, una ética que pretenda ser para todos (y no sólo para un grupo religioso) estará generalmente obligada a optar por suspender el juicio ante el aborto, es decir, dejar la decisión a la autonomía de la persona (y esto es otro principio sine qua non de la ética). Habrá que tener también en cuenta circunstancias, plazos, etapas y las vidas que están en juego en cada caso, porque son diferentes y no puede haber una respuesta válida unívoca para cualquier situación. La decisión moral, finalmente, será siempre personal, solitaria y, en consecuencia, muy dolorosa y nada fácil. Al menos podemos evitar que sea clandestina.

    EL DESAFIO DE AJUSTAR LA REALIDAD. Si el aborto implica una injusticia fundamental en sus dos vertientes, que están dialécticamente relacionadas, el problema no es buscar cómo se castiga a las mujeres que abortan, ni tampoco que puedan abortar en paz. Se trata de luchar para que cada mujer pueda sentirse reconocida y se respete su derecho a tener los hijos que quiera, sin verse amenazada por su embarazo a raíz de realidades económicas, laborales, de salud, de entorno familiar, religiosas, de reputación, etcétera.

    Mientras no logremos un análisis serio de las causas y las condiciones socioeconómicas y culturales del aborto, mientras no iniciemos un proceso responsable de ajuste social para eliminarlas, todo juicio y castigo a las supuestas culpables no pasa de ser un fariseísmo moralista que se leva las manos y la conciencia.

    Si somos realistas tenemos que aceptar que en este momento en nuestro país es difícil esa justicia, no es por tanto posible dar respuestas morales eficaces. Quizá sólo podamos empezar a ajustar esa realidad quitando muchos elementos negativos que estén a nuestro alcance.

    Volvemos a la necesidad de despenalizar el aborto. Porque mientras exista tan monumental desajuste social la capacidad de hacer justicia y de verdadera misericordia en nuestra sociedad será lejana. Así la penalización hace de pantalla distractiva que impide enfrentar con la mínima honestidad el problema del aborto. Mientras la sociedad no abra salidas reales para que las mujeres no se vean empujadas a abortar, no tiene derecho a penalizar el aborto. Ya dijimos que es hipócrita e inmoral castigar por un lado lo que ella misma obliga a cometer por el otro.

    ¿EL ABORTO ES UN CRIMEN?. Si ya dijimos claramente que el aborto es un daño gravísimo, un atentado contra la vida humana que afecta de manera irreparable y definitiva una po más vidas y que nunca se podrá reajustar, ello no quiere decir que automáticamente el aborto sea un crimen, y que en ninguna circunstancia se pueda abortar sin cometer una grave inmoralidad.

    No todos los homicidios se castigan de la misma manera e incluso hay algunos que lisa y llanamente están exentos de sanción penal. El ejemplo más trágico de esto es el verdugo que aplica la pena de muerte: mata seres humanos, pero legalmente no es un criminal.

    Al respeto recordemos que desde siempre la moral tradicional distinguió entre daño y culpa. El daño sí es algo objetivo y depende directamente del desajuste o deterioro que se produce en la vida humana, en las personas concretas y su entorno. Pero la culpa es otra cosa. Depende de otros factores como el de la libertad, el conocimiento, la responsabilidad de quien comete el daño.

    De aquí se deduce que si no hay libertad real, sea porque dicha persona realmente no pudo – o no vio que podía- actuar de otra manera, por mil razones, como por ejemplo porque actuó bajo presión grave, física o psicológica, esa persona no debe ser culpable ni imputable de castigo.

    El mismo derecho canónico de la Iglesia Católica establece claramente las circunstancias que eximen de culpa y castigo a quien infringe la ley (y por tanto no cabe la excomunión). El Canon 1324 especifica que "se debe atenuar la pena establecida en la ley o precepto (...) cuando el delito ha sido cometido por quien actuó coaccionado por miedo grave".

    Es evidente, para el observador honesto, que la mayoría de las mujeres que abortan en nuestro país se encuentran en este tipo de circunstancias. Lo ve como la salida menos destructiva e inhumana, como la única salida. Difícilmente podríamos alegar que aquí hay egoísmo, maldad o comodidad. Está entre una trágica disyuntiva entre lo que percibe como dos males y normalmente se inclinará por el que consideró menor en esas circunstancias. Por lo tanto, ni puede considerarse culpable, ni cae bajo la excomunión y tampoco debería caer bajo una pena civil.

    Es por demás ridículo aducir aquí alternativas ideales, hablar de heroísmos o de soluciones como la de que se den a luz esos niños y se entreguen en adopción. Ello ignora la enorme carga de sufrimiento y culpabilidad que llevan el embarazo no deseado y el desprenderse después del hijo en esas condiciones. Además de que prácticamente sería imposible plantearse la adopción de miles de niños por año en el país.

    CONCLUSIONES. Debemos procurar en este debate zafar a la danza de las cifras que se usan para justificar las diversas posiciones en contra o a favor de la penalización del aborto. Dada la clandestinidad de la mayoría de los abortos, la complejidad de sus causas y mil factores más, es casi imposible obtener datos precisos. A esto se suma que los datos se manejan de manera tremendista, con interpretaciones parcializadas o manipuladas, para apoyar una u otra opinión. Y esto en todos los campos: médico, legal, religioso, etcétera.

    Si aceptamos la noción de hacer justicia como el ajustar la realidad para que vuelva a ser humana en determinada circunstancia, es evidente que ajusticiar por medio de una ley que castiga el aborto no resuelve nada. No se reajusta nada porque no le da a la persona las posibilidades de vivir mejor y superar las circunstancias que la llevaron al aborto. Encarcelar a una madre de familia, como nos podemos imaginar, crearía unos problemas insolubles que tendrían como efecto casi automático la destrucción de los hogares Aquí el castigo sólo añade un mal a otro que se pretende evitar.

    Si la penalización es inútil, todavía se podría pensar que la amenaza cumple una función disuasiva para impedir que se siga abortando. Pero esto es totalmente falso. A los hechos nos remitimos: con la ley vigente desde hace muchos años, ni se aplica ni se ha dejado de abortar Y esto por la sencilla razón, entre otras, de que si una mujer llega a la circunstancia de versa tan acorralada y en tal angustia que decide incluso arriesgar su salud y hasta su vida para salir de ella, no se va a detener por el miedo al hipotético castigo, que por lo demás depende de si es descubierta o no, de si ulteriormente es acusada y de si finalmente es condenada, cosa que sabemos improbable que suceda.

    En conclusión: si la norma penal no tiene la más mínima eficacia, no tiene sentido alguno mantenerla. Más aun, sino se dan las condiciones mínimas que hacen humanamente posible el cumplimiento de una ley ésta no obliga, es inválida y quien la exige o pretende aplicarla es injusto. Es, creo, el caso de la ley que penaliza el aborto actualmente en nuestro país.

    Territorio femenino; discurso masculino
    Susana Rostagnol.

    Una disputa política que se dirime sobre la vida de las mujeres.

    El aborto ha sido tema de numerosos debates, entre ellos cabe destacar el juicio Roe v. Wade (22 de enero de 1973) donde el aborto pasa de crimen estatal a derecho constitucional federalmente garantizado, marcando un hito en la historia de la legalización del aborto en los Estados Unidos de América.

    En la última década se llevaron a cabo encendidas discusiones en torno al aborto en la Conferencia de Población y Desarrollo que Naciones Unidas realizara en El Cairo en 1994, allí se enfrentaron posturas progresistas y fundamentalistas, representadas estas últimas por el Vaticano y los países musulmanes; enfrentamientos que se reiteraron al año siguiente en la IV Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing.

    Tanto alboroto en torno a un tema que pertenece a la esfera privada de la mujer, o la pareja o la familia, evidencia que el aborto es un tema público y político.

    Las razones por las que una mujer decide interrumpir su embarazo son específicas en cada caso; y diferente de todos los demás. Lo común a todos los casos es que no se trata de una decisión ligera. En países como el nuestro, donde el aborto se practica en la clandestinidad, de manera insegura para muchas mujeres -especialmente las pobres- la decisión implica arriesgar la propia vida. Las mujeres lo saben, y la arriesgan (en lo que va del año hay registradas ocho muertes por aborto). Sus principios morales y religiosos, los afectos, su autoestima, el miedo a actuar en la clandestinidad son algunos de los territorios por lo que debe atravesar una mujer al decidir interrumplir un embarazo.

    El mandato social

    Existen otros, tal vez menos visibles incluso para ella misma, pero cuya incidencia es determinante, justamente por pasar desapercibidos. En nuestra cultura la maternidad es considerada un "destino" para toda mujer, al punto que con frecuencia ésta se legitima socialmente a través de su maternidad. Recordemos el drama de Yerma o el repudio del Sha de Irán a la princesa Soraya por su esterilidad. Hace ya 50 años Simone de Beauvoir argumentaba sobre la idea de que los hombres trascienden la naturaleza, mientras que las mujeres la acompañan. Las mujeres dan la vida –acto natural-, los hombres la quitan –acto cultural. Esta misma idea rige la noción producción/reproducción; la producción implica trabajo, transformación de la naturaleza, asimilado a lo masculino; la reproducción, asociada a lo femenino, es el acompañamiento a la naturaleza.

    Abortando la mujer subvierte el orden, está trascendiendo la naturaleza; está haciendo algo que, en el plano simbólico, está fuera de lugar. Cháneton y Oberti lo expresan de manera elocuente: "Este es el monstruo, la que no quiere ser madre. El crimen consiste en pretender atravesar los límites de lo humano. La humanidad de la mujer está permanentemente puesta en cuestión, entonces ella adquiere el estatuto "humano" cuando se hace madre."1

    En nuestras leyes es posible encontrar resquicios (teóricos) para la interrupción del embarazo en casos de peligro de vida para la madre o si se prueba que es el resultado de una violación. En ninguno de ellos es la mujer quien puede decidir. La mujer (sujeto pasivo) aparece dando el consentimiento. Justamente lo contrario de una mujer que decide. El mandato social no censura tanto la interrupción del embarazo sino que sea la mujer quien lo decida, porque no son sujetos legitimados socialmente para tomar la decisión de interrumpir su propio embarazo. El cuerpo, la sexualidad de la mujer es tratado como asunto público, no le pertenece a ella sino a su familia: la sexualidad de las mujeres es el indicador de la honra familiar/masculina2, es decir la mujer no existe en tanto persona, sujeto, sino sólo en tanto "término de parentesco": la señora de, la madre de, la hija de. Lo que se le está negando es la posibilidad de autonomía.

    Hasta ahora veníamos definiendo el aborto como interrupción del embarazo, también se lo define como la muerte del feto/ser vivo/persona/persona en potencia. La línea argumentativa a partir de esta segunda definición nos conduce entonces al tema de la vida y la muerte; o mejor dicho la vida o la muerte. En nuestra sociedad, a pesar de los adelantos de la ingeniería genética, esos temas continúan siendo parte de los misterios a los que nos enfrentamos los seres humanos. Los discursos socialmente legitimados para hablar de la vida y de la muerte son la religión cristiana, especialmente la Iglesia Católica; y la ciencia, especialmente la medicina. Es por ello que cuando se pretende realizar un debate sobre el aborto, se invita a representantes de estos sectores para que den su opinión.

    Mucho más que la interrupción de un embarazo

    Desde el campo médico, las referencias al aborto aparecen generalmente en relación a la morbimortalidad, o en discursos que ponen de manifiesto la percepción fragmentada del cuerpo. Esta fragmentación también constituye una negación de la mujer sujeto. Abundan los discursos sobre al útero, el aborto es entonces un útero que se vacía. Las referencias al útero sustituyen metonímicamente a "cuerpo femenino": es la parte (útero) por el todo, que es el cuerpo de mujer. Existe una segunda metonimia por la cual "cuerpo de mujer" es la parte del todo "mujer", sujeto social3. Si miramos la cadena al revés, se lee "mujer" (sujeto social) que se reduce a "cuerpo" que se reduce a "útero", lo social se reduce a lo natural, lo activo a lo pasivo. El discurso médico enfatiza la idea de la mujer-madre, transformándola en mujer-continente de ser-por-nacer. Aparece cierta dificultad en posicionarse frente a una persona. El aborto se refiere a una mujer que interrumpe su gravidez y no un útero vaciado. Sin embargo, paradojalmente la mujer –sujeto social- se reduce a un útero y el feto se convierte en sujeto social, desempeñando un papel protagónico en relación al tema. Prueba de ello es la manera en que las imágenes asociadas al aborto son más frecuentemente un feto con aspecto de bebé quedando fuera la mujer, el sujeto social, la persona queda invisibilizada, no existe.

    En el discurso de la Iglesia Católica la mujer continúa apareciendo como la portadora de la moralidad, lo cual implica una mujer que aún no ha adquirido el estatuto de sujeto que pueda ejercer su sexualidad con autonomía y responsabilidad. Para la Iglesia Católica la unión sexual tiene como finalidad la procreación. La decisión de abortar está indicando que hubo una práctica de la sexualidad como respuesta al libre ejercio del placer y del deseo, lo cual es condenado por la Iglesia; pero además está demostrando que las mujeres también son –al menos potencialmente- sujetos de deseo y decisión. Esto subvierte el lugar asignado a las mujeres, y por ende al orden social. Como argumenta Ma. Alicia Gutiérrez "la objeción de la Iglesia Católica al aborto parece más centrado en cercenar la autonomía de las mujeres que en el cuidado del feto (porque si los embriones fueran con certeza vida humana, cuando se producen abortos naturales, el feto sería bautizado, práctica que no se realiza). Lo que aparece cuestionado y cercenado es la capacidad de las mujeres en tanto sujetos adultos capaces de tomar desiciones libres y autónomas"

    Al legalizarse los abortos disminuyeron
    Eylard van Hall M.D.

    “Si un médico en virtud del juramento hipocrático y por razones humanitarias detectara que alguna cuestión incide en una alta mortalidad, actuaría inmediatamente en razón de evitar ese agente.

    En el caso de la mortalidad materna en Argentina y otros países, cuya incidencia por abortos ilegales es altísima, ¿por qué no hacen nada?”.

    Quien plantea la pregunta es Eylard Vicente Van Hall, ginecólogo holandés, ex presidente de Ispog (International Society of Psychosomatic Obstetrics and Gynecology), profesor emérito de la Facultad de Medicina de Leiden, Holanda, y presidente de la Fundación de Clínicas de Aborto en ese mismo país. Van Hall visitó Buenos Aires en ocasión del XIII Congreso Internacional Ispog, e interpeló a los profesionales argentinos. “Son los médicos los actores centrales en el proceso de legalización del aborto. Es una cuestión ética y de práctica responsable”.

    Formado en una universidad católica, Van Hall considera que en su país se dio un proceso de toma de conciencia que duró diez años hasta la legalización del aborto. “La lucha por la legalización del aborto empezó, básicamente, por los médicos de cabecera que es la puerta de entrada de toda la población al sistema de salud. Ellos conformaron un grupo muy fuerte y comenzaron a abrir las clínicas de aborto a fines de los años 60”. Aun cuando eran ilegales, estas clínicas se propagaron por el país y Van Hall, desde la cátedra del hospital de su universidad –en ese entonces la católica de Nijmegen– se ofreció como asesor. “En aquel momento se montó un gran revuelo, el director quiso hacerme un sumario pero todo quedó en que daría el asesoramiento por fuera de mi horario de hospital”.

    “El derecho al aborto es crucial en la construcción democrática de una sociedad pues está inscripto en un derecho de las mujeres, el derecho a su cuerpo y a una sexualidad sana, eso es lo que genera resistencias”. Así opina Van Hall, quien cita la experiencia de España como prueba de la importancia del rol de los médicos en los procesos de cambio: “Aun cuando el aborto es legal, son demasiados los médicos que se niegan a llevarlo a la práctica. En Holanda contamos con la separación de la Iglesia y el Estado como eje fundamental para lograr que el aborto se legalice en 1975 y pase a ser gratuito a partir de 1981. Los resultados están a la vista, la incidencia en mi país de embarazos no queridos y de abortos es muy baja –uno de cada 10, diez veces más baja que en Argentina–, el número de abortos se disminuyó progresivamente con la despenalización”.

    8 de cada 10 ginecólogos argentinos...

    Ocho de cada diez médicos ginecólogos que desarrollan su práctica en los hospitales públicos del área metropolitana de Buenos Aires está de acuerdo en afirmar que la despenalización del aborto contribuirá a la reducción de la mortalidad materna.

    El 65,3 por ciento de los 500 profesionales consultados considera, además, que el aborto es el problema de salud pública más relevante en el país. Estos son sólo dos de los resultados del estudio pionero –no hay antecedentes en nuestro país ni en el resto de América latina– que llevó a cabo el equipo del Area Salud del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) y que hace escuchar una voz hasta ahora ausente en los debates que progresivamente se han dado en la sociedad en torno de la salud reproductiva: la de la comunidad médica. La voz de quienes se enfrentan cotidianamente a esas 55 mil mujeres que, en los números y según datos del Ministerio de Salud, cada año se internan en los hospitales públicos por complicaciones de abortos hechos en la clandestinidad.

    Se trata del primer estudio –financiado por la Organización Mundial de la Salud y por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica del Ministerio de Educación de Argentina– que, de manera científica, hecha luz sobre la opinión de los profesionales ginecólogos y obstetras. Una opinión relevante teniendo en cuenta que esta es una opinión autorizada y legitimada para el conjunto de la sociedad.

    ¿Hay algo que debatir?
    Dr. Hernández.

    Lo que actualmente hay que debatir, tanto si el aborto se encuentra prihibido, despenalizado o legal, no es si las muejres van a abortar o no. Las mujeres ya abortan a pesar de la prohibición oen la legalidad. Lo que hay que discutir son las condiciones en las que las mujeres abortan y/o podrían abortar.

    Y después del aborto, ¿Que?
    Dr. Betencourt.

    No existe una sola manera de experimentar el aborto.

    Las mujeres pueden tener reacciones muy diversas frente al mismo hecho y ello depende fundamentalmente de cómo ellas tomen su decisión. Algunas pueden experimentar sentimientos negativos, como la culpa y esto se potencia y facilita en ambientes en los que la sociedad no acepta el aborto. Sin embargo, muchas otras sienten alivio o se sienten liberadas y en condiciones de continuar su vida con una nueva opción. Aunque, claro está, seguramente hay quienes tienen sensaciones mezcladas o ambivalentes después de la interrupción de su embarazo.

    Los grupos conservadores que están en contra del aborto han difundido la idea de que existe un "trauma post aborto" que provoca depresión profunda en "todas" las mujeres que se interrumpen su embarazo. El hecho es, sin embargo, que no existe ninguna evidencia científica que demuestre que esto es cierto. Por el contrario, muchas mujeres experimentan alivio después de practicarse el aborto. Las depresiones severas después de un aborto son poco frecuentes. No hay indicios de que el aborto en sí mismo constituya una causa de depresión, exceptuando los casos en que el aborto se realiza en contra de la voluntad de la mujer, sea por presión de su pareja, familiar o por cuestiones económicas.



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