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Reflexiones alrededor del aborto
Ponemos a vuestra disposición algunas reflexiones y opiniones respecto al tema del aborto. En todas ellas se aprecia un elemento común, en ninguno de los casos atemorizan a las mujeres, ni tampoco basan sus planteamientos solo en conceptos morales individuales y propios. Nunca inducen a la mujer a tomar una opinión sesgada a favor de una postura, que arrojen a la mujer a tomar una decisión ajena a toda reflexión. El aborto consideramos que es es un derecho y, por supuesto, nunca una obligación.



Mayor y mejor educación sexual
Dr. R. Hernández

Si miramos los datos del aborto en adolescentes del año 2005 en España descubriremos que al menos 13.000 adolescentes han descubierto su sexualidad de una forma poco recomendable.

Los abortos en jóvenes aumentaron desde el año 1994 de forma importante, siendo la franja en la que se ha producido un mayor aumento de entre la población española.

El motivo es que cada vez inician sus relaciones sexuales de penetración de forma más prematura y la otra y complementaria es que lo hacen si protección. Según una encuesta internacional, apoyada por la OMS, el 14,8 % de las chicas españolas de 15 años y el 18 % de los chicos aseguran que han tenido relaciones sexuales de penetración. La tasa española de aborto infanto-juvenil es todavía inferior a los países de nuestro entorno, pero ha crecido en los últimos años más de un 350 %.

Parece ser que el método más apropiado para las primeras relaciones, el preservativo, no lo utilizan debido a que les da vergüenza comprarlo, no se lo saben poner o les da apuro exigirlo y confían en la marcha atrás. En algunos casos extremos, piensan que no se quedarán embarazadas la primera vez. Se sabe además que las jóvenes les resulta poco grato portar preservativos encima y por otra parte no tienen suficiente capacidad de negociación con los chicos para imponerles su uso.

Las chicas actuales tienen la primera regla y se hacen mujeres más pronto que antes debido fundamentalmente a la mejor alimentación; pero no siempre se ve acompañada ese escenario de la suficiente información y educación sexual.

Lo que faltas es la información clara, la conciencia de riesgo y de la importante trascendencia que tienen las consecuencias. Es necesario implantar una información regulada en las escuelas desde las edades más tempranas sobre temas sexuales y sobre la trascendencia que tiene realizarlas sin la adecuada protección. Una educación puritana no nos conducirá a mejores cifras en este tema. Por otro lado el uso de la píldora postcoital es altamente efectiva para evitar embarazos no anhelados, pero no es un método anticonceptivo. Si su uso se generaliza podría alcanzar hábitos de consumo perjudiciales; no obstante pensamos que siempre será mejor que un embarazo no deseado y un consiguiente aborto. Sirva como dato que aunque en España el uso del preservativo tiene unas cifras medias de uso por español más altas que la media de los países de nuestro entorno, su uso va cediendo espacio poco a poco al uso de la anticoncepción de emergencia.



La regulación pasada a revista
Luis M Guirola (Citoyen).

Durante los dos últimos artículo se ha examinado el planteamiento del debate actual sobre el aborto y después de descubrir que sus postulados no permitían llegar a una solución justa, se ha intentado adoptar una postura distinta basada en el argumento del contrato social de J. Rawls. Esta solución llevaba como vimos a, como principio, la regulación de la prohibición del aborto. Sin embargo, es necesario agudizar el análisis y ver como afectaría la adopción de este argumento al derecho positivo.

Primero se analizará como afectaría al núcleo duro de la regulación, es decir, los supuestos de despenalización parcial del código penal (A) para a continuación ver las medidas accesorias que deberían implantarse para preservar el principio de justicia (B)

A) El sistema de supuestos revisado

En España se adoptó en su momento el llamado sistema de « supuestos » por oposición al sistema de plazos para la despenalización del aborto. En realidad, la lógica es totalmente distinta. El sistema de plazos admite la naturaleza humana del nasciturus y por ello le reconoce una casi total plenitud de derechos, pero lo hace sólo a partir de un determinado momento de gestación donde se supone que se adquiere esta naturaleza (en francia donde se ha adoptado esta posición, a los tres meses). En este sentido, el aborto es siempre legal antes de este periodo y no lo es nunca después. El sistema de supuestos, por el contrario, realiza una apreciación del todo distinta. Al contrario que el sistema de plazos, reconoce la naturaleza humana del nasciturus desde el principio del embarazo (en españa, a partir de los quince días que es cuando se produce la anidación del feto en el útero) y por tanto prohíbe los ataques al mismo, sin embargo admite que el bien jurídico protegido por esta penalización (la vida del nasciturus, que si bien es vida humana, es vida humana dependiente) es de menor valor que otros bienes jurídicos, y por tanto la entrada en conflicto de la supervivencia del no-nato, con estos otros bienes jurídicos puede llevar a la prevalencia de estos últimos. Tipicamente, esto lleva a la tipificación de cuatro supuestos: el supuesto eugenésico, el supuesto terapeútico, el supuesto socio-económico y el supuesto ético. Estos supuestos se articulan como causas de justificación ad hoc, que desde una perspectiva finalista no excluyen la tipicidad pero si la antijurridicidad de la conducta. Esta concepción se adapta con bastante facilidad al argumento del contrato social, puesto que como hemos dicho, el principio es la prohibición y la excepción la licitud. Veamos como se puede organizar.

En primer lugar, cabe hablar del supuesto terapeútico. El razonamiento que se aplica al supuesto terapeútico defiende que, efectivamente, la vida humana dependiente es un bien jurídico protegido (de ahí la prohibición de dañarla) pero que esta protección cede cuando éste entra en conflicto con la salud de la embarazada. Esta salud puede ser tanto la salud psíquica como la salud física.

Por esta razón, la ley española despenalizó la práctica del aborto terapeútico previo dictamen médico. Algunos autores explican en realidad que este supuesto era innecesario porque esto existía ya por la vía del estado de necesidad, es decir, la figura jurídico penal que permite, en caso de que dos bienes jurídicos entren en conflicto, se debe salvar el de mayor valor en caso de que sean de distinto valor (Estado de necesidad que excluye la antijuridicidad) o cuando sean de igual valor, el de la elección del sujeto activo (estado de necesidad exculpante). Sin embargo, lo que en realidad se hizo con la tipificación de este supuesto es preveer una causa de justificación ad hoc, desplazando el punto de equilibrio del estado de necesidad tradicional. En este sentido, el peligro de la vida de la madre no es necesario para que se dé el supuesto de hecho, sino que es suficiente con un peligro para su « salud física o mental ». Esto ha llevado a una aplicación bastante laxa de este principio siendo por otro lado muy preocupante el hecho de que el supuesto de atentado contra la salud psicológica de la embarazada es mucho mas aceptado en centros privados que en centros públicos. En rigor, cualquier embarazo puede ser considerado como peligroso para la salud de la embarazada y desde luego cualquier embarazo no deseado es susceptible de provocar algún tipo de trauma emocional, especialmente cuando se trata del caso de adolescentes o jóvenes que aún no han adquirido la edad madura.

La aplicación del argumento del contrato social, sin embargo, debería llevar a reconsiderar la regulación del aborto terapeútico. Desde la perspectiva antiabortista no parece realmente razonable que se considere cualquier puesta en peligro de la salud de la madre como suficiente para considerar lícito el acto. Así, cabe pensar que el individuo tras el velo de la ignorancia solo considerará este hecho como lícito en los casos en los que existe un verdadero peligro irreversible para la salud de la madre. Esto supone al menos considerar que debe existir un peligro para la vida de la embarazada o para su integridad física de forma permanente. El supuesto psicológico, en principio, solo sería aceptable en casos realmente extremos en los que el trauma tendría un carácter irreversible. En cualquier caso, el argumento del contrato social requiere una interpretación mucho mas restrictiva de la que se realiza hasta ahora de este supuesto.

El segundo supuesto es el de caractar llamado « ético ». De acuerdo con esto, el aborto sería lícito cuando el embarazo a tenido su origen en un acto de violencia sexual. Así, el argumento en este caso es considerar que puesto que se ha forzado la libertad del individuo el aborto tiene un carácter lícito porque lo que está en juego no es ya solo la vida humana dependiente sino también la libertad sexual del individuo.

Este segundo supuesto presenta menos problemas desde el punto de vista del argumento del contrato social. En primer lugar, los sectores antiabortistas aceptan en la mayoría de los casos (incluso la iglesia católica ha aceptado practicar el aborto a religiosas que habían sido violadas) que el supuesto ético como moralmente lícito, luego el problema de proteger su libertad de creencias desaparece, pero en segundo lugar, también se puede considerar que, incluso en el caso en que estos sectores lo rechacen, el individuo tras el velo de la ignorancia aceptará este supuesto puesto que el riesgo ético es mucho menor. En efecto, al no haber tenido su origen en un acto voluntario sino en una violación de su libertad, la condición de embarazada es moralmente mucho mas arbitraria que en el otro caso y es comprensible que tras el velo se elija la cobertura de este supuesto frente a este tipo de actos. En este sentido, cabe entender que la adopción del argumento del contrato social dejaría intacta la regulación de este supuesto.

En tercer lugar hay que considerar el llamado aborto eugenésico. La eugenesia es una práctica que tuvo cierto éxito a principio de siglo en toda europa, hasta el punto de una buena parte de la doctrina médica se adhería a ella. Consistía en eliminar a aquéllos individuos que por su potencial genético fueran perjudiciales para la civilización (concretamente a los discapacitados físicos o mentales). Sin embargo, los excesos producidos por la experiencia de la alemania nazi llevaron a los científicos así como a los filósofos a rechazar esta concepción. Sin embargo, la ley española regula el supuesto eugenésico como lícito cuando se prevee que el niño nacerá con una grave discapacidad física o psíquica. El razonamiento que se hace en este caso es que si el embarazo tiene su origen en un acto voluntario y este acto asume una serie de riesgos, entre estos riesgos debe contarse la posibilidad de tener un hijo normal, pero no un hijo con potenciales discapacidades. Así, es lícito que entre el bien jurídico de la libertad de la madre y la vida humana dependiente discapacitada se elija la libertad de la madre.

Este es sin duda el supuesto mas complicado de justificar, incluso desde una perspectiva pro-elección. La tipificación de este supuesto llevó a algunos a indignarse diciendo que se tipificaba el « derecho a un hijo normal ». En realidad, resulta extraño como si el eugenismo ha sido rechazado como una doctrina contraria a la dignidad humana, es posible que se siga contemplando en la legislación sobre el aborto.

Sin embargo, el argumento del velo de la ignorancia no es tampoco del todo satisfactorio. Es realmente muy díficil de explicar si el individuo, tras el velo, elegirá el derecho de los antiabortistas a vetar esta práctica o el derecho de la madre a tener un hijo normal. El carácter moralmente arbitrario de esta cualidad (la de hijo « anormal ») hace que presente un riesgo ético menor especialmente en los casos en que el embarazo es deseado y donde no se puede controlar mediante las propias elecciones. Por ello, resulta muy difícil explicar, sin hacer entrar en el juego los derechos del niño, como esta práctica debería ser ilegalizada. Es realmente posible que un individuo racional decidiera hacer prevalecer su posible derecho a tener un hijo normal a su posible derecho a, como antiabortista poder vetar estas prácticas. Sin embargo la percepción horrenda que de este argumento parece tener una buena parte de la ciudadanía, (incluso entre los que no vemos ningún problema en despenalizar el aborto de forma general) podría justificar asegurar un derecho de veto respecto a esta práctica.

Por otro lado, hay motivos para, desde una perspectiva ciudadanista, prohibir la puesta en práctica de este argumento. En realidad, una de las principales críticas que se hizo a la teoría de la justicia de J. Rawls fue que no daba ningún argumento para suponer que los individuos se guiaban por un deseo de justicia y que por tanto, a menos que gozaramos de una comunidad unida por algo más que la justicia (un sentimiento nacional, ciudadanista, etnico) sería extremadamente complicado poner en práctica su teoría. Así, uno de los candidatos a solucionar este problema fue el republicanismo cívico o el humanismo cívico, que defiende la necesidad de promocionar determinadas virtudes ciudadanas de orden social, político,... Entre estas, se encontraría con casi total seguridad el principio de no discriminación hacia el prójimo. Si seguimos ésto, es difícil explicar que podríamos esperar desde el punto de vista de la virtud ciudadana de una madre que decide deshacerse de su hijo por el simple hecho de que se trata de un hijo « anormal » o disminuido. Que el Estado promocione esto sería promocionar un valor adverso a la virtud ciudadana de no discriminación, y por tanto, cabe pensar que los individuos contratarán tras el velo, unas prácticas que, lejos de fomentar estos valores (de carácter asocial) fomenten otros mas adecuados socialmente (como el principio de no discriminación) y con ello rechacen el argumento eugenista.

Es cierto a pesar de todo que la razón de rechazar este argumento es relativamente débil puesto que reposa sobre la premisa de que las prácticas eugenistas fomentan la discriminación o son asociales. Sin embargo, es dificil de explicar como se podría adoptar un argumento eugenista en este caso sin adoptarlo en otros, puesto que si rechazamos el eugenismo, debemos hacerlo en bloque como práctica degradante para la dignidad humana. La única razón por la que se puede comprender que se rechazará el argumento, no es tanto por principio, sino por razones estratégicas: alguien que haya defendido la postura proabortista y que haya admitido a regañadientes el argumento del contrato social, verá aquí una posible grieta en el razonamiento y, sin creer realmente en el argumento eugenista, lo defenderá para defender el derecho a la madre a decidir por sí misma, aunque solo sea en este caso. Por supuesto, esta postura es hipócrita y deshonesta y Rawls supone que negociamos de buena fe, así que debe ser rechazada.

El cuarto supuesto, que no ha sido adoptado por la legislación española, es el supuesto socio-económico. La base del argumento es de nuevo que la vida humana dependiente puede tener un valor jurídico, pero que existe un bien jurídico de mayor importancia que es la estabilidad patrimonial de la madre (o de los padres) y que por tanto la posibilidad de que la continuación del embarazo pueda ser perjudicial para la economía familiar sería un buen argumento para interrumpirlo. La adopción de este argumento lleva por tanto a admitir una acepción extremedamente amplia de los supuestos permitidos, derivando en algo así como una « prohibición de arbitrariedad » de la interrupción voluntaria del embarazo. En efecto, resulta ridículo ver que la vida humana dependiente tiene cierto valor, pero que ese valor es menor que el de la economía familiar. O bien no tiene ningún valor y el aborto debe ser libre o bien lo tiene pero entonces no puede ser tan bajo como para que el interés socieconómico prevalezca. Es muy complicado entender como algo que se supone que es vida humana puede tener un valor tan ridículo. Este supuesto ha sido adoptado en holanda que es una de las legislaciones mas permisivas al respecto.

En cualquier caso, hay que entender que tras el velo los individuos preferirán garantizarse el derecho de veto como proabortista que el supuesto socioeconómico como posible acreedor del derecho de aborto, puesto que, en primer lugar, este es, de todos, uno de los percibidos por los antiabortistas como más horrendos y que mas atentan contra sus creencias y en segundo lugar el riesgo ético es infinitamente mayor ya que si tiene origen en una relación sexual voluntaria, el embarazo se puede prevenir a través de métodos de planificación familiar. Por esta razón, el argumento del contrato social vetaría este supuesto de la legislación.

Vemos así que una revisión consensuada de la legislación sobre el aborto llevaría a restringir el derecho a interrumpir voluntariamente el embarazo a los supuestos mas graves de aborto terapeútico (cuando la vida de la madre peligra o su salud de forma grave e irreversible) y al supuesto de aborto ético. Esto debería llevar a la penalización del supuesto eugenésico, a una interpretación mas estricta del terapeútico y a olvidar toda reivindicación respecto a la tipificación de una supuesto socio-económico. Sin embargo, esto es solo el núcleo duro de la regulación legal y es necesario cuestionar cuáles serían las formas de implantación de un sistema basado en el argumento del contrato social.

B) La correcta implantación del sistema.

Se dijo en el segundo artículo que tras el velo de la ignorancia, los individuos elegirían la conducta prohibitiva del aborto pero que intentarían mitigar al máximo los efectos que sobre la vida de los padres tendría esta prohibición. En efecto, uno puede estar dispuesto a renunciar a reivindicar un derecho a abortar, pero no está claro que también esté dispuesto a admitir todas las obligaciones que derivan del hecho de tener un niño (educarlo, mantenerlo...). Esto implica que los individuos tenderán a cubrirse de este riesgo tras el velo de la ignorancia mediante la articulación de mecanismos de apoyo social.

Por otro lado, desde el punto de vista jurídico, si el motivo de adoptar este argumento consensuado es la voluntad de garantizar la paz social y de evitar el drama que suponía el enfrentamiento tradicional, cabe entender que existe una « razón pública » para su adopción y por ello, es razonable que sus cargas sean compartidas por todos los que se benefician de esa paz pública. Esta es la llamada teoría de « la ruptura de la igualdad de todos ante las cargas públicas » teorizada para los actos de la administración a principios de siglo en francia. Esta teoría, basándose en el principio de igual contribución de los ciudadanos en razón de sus posibilidades, entendía que la administración debía responder de los males que causaba a los administrados en su actividad de persecución del interés público. De otra forma, se rompería el principio de igual contribución ya que el perjudicado por la administración soportaría una mayor porción de la carga que supone la acitividad administrativa que es realizada en el interés de todos y por tanto los demás serían algo así como « free riders ». Esta teoría fue introducida en españa en 1952 por la ley de expropiación forzosa declarando que todo atentado contra la propiedad por razón de utilidad pública debía tener una compensación adecuada (el llamado « justiprecio »), restableciendo así la igualdad de todos ante las cargas públicas (estre principio ha sido igualmente constitucionalizado). Sin embargo, en francia, este sistema ha sido también empleado para justificar la indemnización por el hecho de las leyes, es decir, cuando una ley perjudica de forma especial e injusta a un ciudadano concreto el Estado debe reparar ese perjuicio. En este caso, parece evidente que la adopción de una regulación de consenso persiguiendo un objetivo de interés público (la paz social) justifica que el Estado se haga cargo, en la medida de lo posible, de las consecuencias negativas del hecho sobre la vida y la libertad de los padres.

Ambos argumentos son suficientes para justificar la puesta en marcha de mecanismos de apoyo a las embarazadas sufragados por el Estado y de facilidades para que el embarazo afecte lo menos posible a la vida de los padres. Estos explicaría que se pusiera en marcha un sistema eficaz para dar en adopción a los niños de los que sus padres no quieran hacerse cargo. Explicaría también que el Estado corriera con los gastos del embarazo o diera algún tipo de compensación a los padres. También sería deseable que se construyera un sistema de servicios sociales de ayuda psicológica que haga tan poco traumática como sea posible la experiencia de la embarazada.. Del mismo modo, debería reforzarse tanto como fuera posible la información sobre planificación familiar y prevención de los embarazos no deseados con el fin de minimizar los casos en los que la nueva regulación tenga que intervenir y de responsabilizar a los posibles padres de lo que hacen.

Una de las consecuencias de la adopción de este argumento sería la entrada en escena del derecho del padre. Hasta el momento, el derecho a abortar era un derecho de la madre, donde el padre no tenía que dar consentimiento alguno. Ella decidía si tenía el niño (y luego podía perdir responsabilidades al padre) o abortaba. Esta situación no es susceptible de ser modificada por la adopción del argumento contractualista (dado que tanto el aborto ético como el aborto terapeutico protegen a la madre y no a los padres), sin embargo la decisión de dar al hijo en adopción si debiera reservar un derecho al padre de poder, si lo desea, quedarse él con el niño, renunciando ella a la custodia. Es razonable creer que los individuos tras el velo de la ignorancia se reservarán un derecho, como padres, a tomar parte en la resolución y eventualmente a poder conocer a su hijo.

En cualquier caso, la implantación de este argumento debería ser capaz de superar los problemas de sociología jurídica que se nombraba en la primera entrega de esta serie. De nuevo la prevención de este tipo de conductas a través de la información y la responsabilización parece la mejor vía, pero parece aún mas importante la aplicación de la norma en el espacio. No es díficil darse cuenta de que, en un sistema de fronteras abiertas (tanto legalmente como es el caso de la UE, como materialmente) es profundamente complicado implantar la prohibición del aborto, ya que estará en las manos de las madres que lo deseen (o mejor, que puedan permitirselo) viajar al país vecino. Esto hace desear que la adopción del argumento debería ser, al menos, a nivel europeo. En este sentido, el tribunal europeo de derechos humanos parece un ámbito idóneo para su implantación ya que vincula a todos los firmantes de la convención europea de los derechos del hombre. Sin embargo esta cuestión no estaría exenta de problemas. En primer lugar, el tribunal de luxemburgo no goza de ningún tipo de caución democrática, lo cuál llevaría a muchos a pensar que se trata de una imposición. En realidad, si hemos argumentado que el objetivo de esta regulación es salvaguardar la paz social entre los que se oponen y los que no se oponen al aborto, esta regulación debería ser deliberada y discutida en algún órgano representativo, y también consensuada con las organizaciones implicadas (ONG's, iglesias,...). Por ello, parece muy problemática su adopción por un tribunal. En segundo lugar, la existencia de Estados europeos con una separación especialmente tajante entre la iglesia y el Estado, como francia o turquía, haría esta solución, que toma en cuenta la religiosidad de la población, de muy difícil encaje en sus legislaciones. En este sentido, aparece como una posibilidad muy difícil que a corto medio plazo pudiera implementarse un argumento de este tipo, puesto que su adopción a nivel nacional sería ineficaz y su adopción a nivel europeo sería inviable.

En realidad, encontrar un consenso en torno a una cuestión tan controvertida como el aborto es algo profundamente difícil, tanto en el debate tradicional como en el nuevo, sin embargo, el argumento del contrato social parece ser un argumento mas justo, imparcial y aceptable para todos y por ello, podría ser una puerta abierta a una regulación consensuada. Por otro lado, su implantación no llevaría, como hemos visto, a realizar cambios demasiado profundos en la regulación tal y como está ahora, al menos en España ya que solo llevaría a suprimir el supuesto eugenésico y a rectificar parcialmente el terapeútico. Sin embargo, es cierto que la implementación de esta medida, para ser eficaz, resulta prácticamente inimaginable a corto plazo y solo puede considerarse posible desde un ámbito internacional mas desarrollado del que ahora existe. Esto no obsta, sin embargo, a que todos deberíamos trabajar-si es cierto que « la justicia es la primera virtud de las instituciones » (J.Rawls)- para adoptar esta postura consensuada.



El nuevo supuesto
José Antonio Mayo Abargues Publicado en Huelva Información el día 27 de octubre de 1992.

El proyecto de la ley aprobada por el gobierno, sobre la reforma del código penal que contempla una nueva legislación del aborto, está provocando una crítica excesiva en algunos sectores de la sociedad.

Unos consideran la ley exagerada, otros creen que no cambia nada, que no dice nada nuevo porque la mujer, la verdadera protagonista, continúa sin poder decidir libremente sobre su maternidad, y es cierto. Pero la nueva legislación, donde se introduce el supuesto de angustia y ansiedad, aunque tímida e insuficiente, es un nuevo triunfo de la lucha de la mujer por la despenalización del aborto, es una liberalización parcial en la que médicos y jueces deben ser objetivos en sus decisiones.

La futura ley reconoce un derecho, el derecho a abortar, y estará ahí para quien la quiera utilizar, pero de ninguna manera obliga a abortar a quien no lo desee o a quien sus creencias religiosas no se lo permitan.

Por otro lado el médico puede negarse a la práctica de la intervención alegando razones morales o religiosas. Es también justa y razonable porque da más valor a la vida humana que a la de un ser no nacido.

La angustia que invade a la mujer ante un embarazo no deseado puede provocarle un trauma psíquico, si no encuentra salida a su desesperada situación. Cuando de una relación amorosa inestable surge un embarazo, cuando una mujer tiene dos o tres hijos, el marido parado y, a pesar de haber utilizado medios anticonceptivos queda embarazada, es posible que provoque la angustia en la mujer y no desee ese hijo. Además los hijos no deseados, en la mayor parte de los casos son rechazados por los padres, que les niegan todo tipo de afecto, cariño y en algunos casos son objeto de malos tratos. El niño rechazado vive con un sentimiento de soledad, inseguridad y aislamiento, comportándose de forma agresiva y antisocial.

Los que rechazan esta ley basándose en la defensa de la vida y los derechos humanos, deberían defender con el mismo ímpetu a los niños mendigos que son asesinados en Brasil, a los que mueren por falta de alimentos en Somalia o las masacres de niños en Sarajevo.

El aborto se está practicando de forma clandestina, a veces por personas que nada tienen que ver con la profesión médica, con escasos medios, en pésimas condiciones de higiene y sin ninguna garantía.



Derrogación de la actual legislación permisiva
Pedro Sanchez de Madariaga.

Hasta ahora, lo que el derecho decía a la mujer embarazada era que ella tenia la obligación sagrada de respectar y proteger la vida en ella generada.

Hace falta volver a escribir en nuestras leyes (y esto seria un progreso del moderno Estado social) que todas las mujeres tienen la obligación y el derecho natural y fundamental de generar y alumbrar el hijo que en ella fue generado, por eso, la Sociedad e el Estado tienen la obligación de garantizar a las mujeres y a su pareja el cumplimiento de esta obligación y la satisfacción de este derecho y, siempre que necesario , la obligación de que se responsabilicen la Sociedad y el Estado de criar al nacido.

Reflexiones sobre el aborto
Inspirada en la película “El secreto de Vera Drake”

“Para ayudar a jóvenes con problemas” así contesta Vera Drake a la policía cuando la interroga sobre los abortos que durante años practicaba. No tenía otra razón que ayudar a mujeres con embarazos no deseados, algunos de los cuales les traían serias complicaciones en sus vidas. Ninguna deseaba hacer el aborto sino aliviarse de la desesperación que sus consecuencias traían. Cuando Vera las enfrentaba con su actitud bondadosa las encontraba con miedo, angustia extrema, tristeza, inseguridad.

Vera no lucraba con esta situación crítica que ellas vivían, ni siquiera desconfiaba de la mujer, que generalmente traía estas jóvenes, quien sí especulaba con el dolor ajeno. Tenía el cuidado de hacerlo con técnicas poco cruentas insuflando un líquido abortivo que 2 días después lo expulsaría. Nunca había tenido problemas, se le presentó fuera de la regla uno, justamente la hija de una conocida que la asistió durante la realización del aborto.

En simultaneo se muestra, como otra jovencita con dinero pudo hacerlo con todos los cuidados médicos, aunque fuera de la ley. Cuando es llevada a la cárcel allí se encuentra con otras mujeres que realizaban abortos a gente sin recursos económicos pero con métodos más violentos y habían tenido accidentes graves como la muerte de sus asistidas.

La expresiva cara de Vera se transfigura cuando es denunciada y luego penalizada por sus prácticas abortivas. Una mujer que irradiaba bondad, buen humor y una sencillez llamativa en los momentos en que se brindaba a los demás. Repentinamente la vemos triste, temerosa de lo que pensarán sus familiares, angustiada al no sentirse comprendida, la ley cae sobre ella con todo rigor y sin ninguna contemplación. Los que la habían interrogado en la policía habían llegado a comprender su “inocencia” ante su propia conciencia. Pero ahora la conciencia no era ante si misma sino ante los otros que la consideraban o comprendían.

Creo que aquí centra la película el problema en cómo cada uno ve la tragedia: es un asesinato a un inocente y debe ser condenado o es la ayuda a una madre que en conciencia no encuentra sentido a la vida de un hijo nacido en circunstancias consideradas negativas. Lo mismo para el que realiza el aborto: es para ayudar a mujeres desesperadas o para lucrar con momentos críticos que ellas atraviesan. Atraviesa otro tema importante: ¿la vida tiene sentido vivirla de cualquier manera y en cualquier circunstancia? Algunos dirán que no tiene sentido que un discapacitado viva en este mundo. Sea como sea, la polémica está abierta a la sociedad, parecida a la eutanasia de un enfermo incapaz en todo a decidir.

El espectador de la película más allá del rechazo visceral al aborto y a cómo puede realizarse, se le abre un debate interno con su conciencia que muchos evitan volviéndose legalistas o indolentes.

Esta situación fuera de estar a favor o en contra del aborto, se hace difícil en el caso de Vera por la actitud que tiene al realizarlas, su conciencia está iluminada por la bondad. ¿Es posible que el amor pueda existir en un acto visceralmente rechazado? No digo legalmente rechazad, que es otro tema. Me viene a la memoria aquella frase inolvidable de San Agustín “ama y haz lo que quieras, pero ama primero”: Agustín filósofo pone el amor como estado de conciencia, en primer término. Lo legal está emparentado pero no es lo mismo porque necesita legislar para todos, juzga poniendo cierto orden social. Sin embargo merece cierta reflexión, entorno a la actitud de honestidad. Bob Dylan canta en “Absolutamente dulce María” esta escandalosa y profunda frase “para vivir fuera de la ley, hay que ser honesto”.

El debate está abierto y nos sumerge en la escena, no debe dejarnos fuera de ella como simples observadores que juzgan. Se trata de “valores” como la vida, el amor, la honestidad, no de ideales que motivan conductas, sino de fuerzas que anhelan la superación con los demás.

Cuando la conciencia se va ampliando y complejizando, las respuestas ya no pueden ser formales o principistas, sino imbuida del espíritu solidario que alimenta nuestras obras y palabras. Los principios generalmente están ligados a ideologías, dogmas, verdades absolutas, instituciones, grupos sociales; no deben ser confundidas con valores que pertenecen a la cultura viva de la que todos coparticipamos y están en permanente transformación.

Soy de los que creo en los valores, que por no ser identificados por nadie pertenecen a todos y por eso no se los puede categorizar de antemano. Siento propia la reflexión de Jesús: “la letra mata, el espíritu vivifica”. Captar la dimensión espiritual de las cosas nos permite “interpretar” la realidad viva cuando los fundamentos son puestos en duda, aunque sea en el momento de la decisión. Vera Drake con ese rostros desencajado nos desafía a abrir la conciencia sin prejuicios pero con espíritu de verdad. Nietzche decía: “la verdad no existe”, obviamente la objetiva, pero sí como “camino”. El debate como “camino” está abierto, el espíritu solidario debe acompañarnos. Nada quedará afuera de él: muertes de inocentes, madres desesperadas ante un embarazo no deseado y en consecuencias graves, gente inescrupulosa que lucra, gente que quiere ayudar para evitar peligros propios de la clandestinidad, ideólogos de la verdad objetiva, ignorancia, prudencia. Es coparticipando de esta circunstancia de vida que anhelaremos juntos superarla lo mejor posible.
20 Marzo 2005

El Aborto
Moncho Alpuente. Publicado en El País el 13 de octubre de 2006.

Casi uno de cada cinco embarazos termina en aborto dentro de la Comunidad de Madrid, récord siniestro que dice muy poco, aunque deja ver mucho, sobre la nefasta política de planificación familiar del Gobierno de Esperanza Aguirre, política subcontratada mayormente con asociaciones religiosas antiabortistas. El fundamentalismo católico que propone la heroica virtud de la castidad como único y radical remedio para todos los problemas relacionados con la sexualidad, lleva dos mil años tropezando con esta piedra de escándalo y cayendo de bruces contra el duro suelo de la realidad sin que se vean, por parte alguna, atisbos de propósito de la enmienda.

Entre los flagrantes despropósitos del Gobierno regional en tan delicada y sensible materia figura haber sustituido, desde 2005, los cursos de sexualidad y reproducción para profesores y monitores por una serie de charlas al alumnado que corren a cargo de una fundación religiosa, como en los viejos tiempos. El pensamiento único e inamovible de la Iglesia de Roma sobre el tema ataca los posibles conflictos desde la raíz, culpabilizando y rentabilizando hasta los malos pensamientos, la culpa es la principal mercancía con la que comercian estos presuntos intermediarios y vicarios de Dios en la Tierra, de un Dios que, según sus textos sagrados, dejó muy clara su opinión sobre el sexo cuando decidió encarnarse en una virgen ahorrándose los imprescindibles y terrenales prolegómenos.

Las ciencias, aunque no las creencias, han adelantado una barbaridad, y hoy es posible reproducir, a escala reducida, el ejemplo divino con las modernas técnicas de inseminación artificial; para que semejante blasfemia no se produzca, los castísimos maestros de la sexualidad católica siguen lanzando anatemas sobre cualquier experimento con estos materiales tan sensibles.

Aún es posible toparse en bibliotecas y librerías de ocasión, con algunos de aquellos opúsculos de iniciación sexual editados por las autoridades eclesiásticas hace unas décadas y distribuidos entre los alumnos prepúberes de sus colegios, opúsculos en los que se abordaba principalmente el misterioso y espinoso asunto de la masturbación, también llamada, aunque impropiamente, onanismo, basta con leer detenidamente el pasaje de la Biblia, para entender que el pecado de Onán no fue la masturbación sino el coitus interruptus, Onán derramó su semen en tierra al apearse en marcha para no dejar preñada a su cuñada que había quedado viuda. Uno de estos folletos, leído en su momento, no me curó del terrible y devastador vicio, pero me aficionó a las lecturas bíblicas, como inagotable y asequible fuente de fantasías sexuales: incestos, adulterios, violaciones, sodomías, voyeurismo y fetichismo un completísimo catálogo de especialidades para alimentar la imaginación más dormida. La masturbación en aquellos manuales, valga la redundancia, era una enfermedad más devastadora que la lepra ya que contaba entre sus inevitables secuelas, con la ceguera, la locura, el debilitamiento de la médula dorsal y la aparición de horribles y delatores granos en la cara.

La depravada fantasía moral de aquellos autores sólo sirvió para apartarme definitivamente de los preceptos de la secta, yo era un caso perdido, incurable, y con plaza reservada en el infierno de los falsos onanistas.

El aborto es un mal menor que sirve para atajar males mayores y por tanto es moralmente aceptable salvo para los fundamentalistas cristianos que lo consideran un crimen capital, un pecado mortal tan grave, aquí no hay grados, como utilizar un preservativo, una simple funda de látex que, entre otros males, habría evitado el embarazo no deseado y, por tanto, el aborto. La Asociación de Víctimas del Aborto, generosamente financiada por la Comunidad de Madrid, predica en sus charlas "educativas" con el mismo lenguaje de los moralistas de antaño y afirma, sin rubor ni base, que las mujeres que abortan tienen un 99% más de probabilidad de abusar físicamente de sus hijos y tres veces más posibilidades de tener un parto prematuro; de una lectura torticera de lo anterior podría desprenderse que para no maltratar a los hijos y sufrir partos prematuros, lo mejor es abstenerse de concebir y de parir.

La desinformación que practican estas "benéficas" asociaciones es una de las causas principales de embarazos no deseados y abortos en la Comunidad de Madrid y en todo el orbe cristiano.



Obispos catalanes equiparan el aborto y la eutanasia con el terrorismo y la violencia machista
EL PAÍS - Barcelona - 03/04/2007.

Un documento de los obispos catalanes, titulado Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor, equipara el maltrato a las mujeres o los grandes atentados terroristas de los últimos años, la mayoría de raíz islamista radical, con el aborto y la eutanasia. Así consta en un informe aprobado este fin de semana por la Conferencia Episcopal Tarraconense, que agrupa a los obispos catalanes, y del que informaron ayer el obispo auxiliar de Barcelona, Joan Carrera, y el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol.

En este texto, que tiene como principal finalidad la difusión del Evangelio entre la sociedad, según sus redactores, la jerarquía eclesiástica catalana expresa de antemano su más absoluto "rechazo" a cualquier forma de violencia. En este sentido, los grandes atentados terroristas de los últimos años, como los de Nueva York, Madrid, Londres o Bombay, y la violencia contra las mujeres en el ámbito familiar se equiparan a "dos formas de violencia que se producen al inicio y al final de la vida", sostuvo Carrera. El obispo justificó esta afirmación porque el aborto, en su opinión, "siega la vida de los nonatos", mientras que la eutanasia supone "la eliminación de las personas cuando ya no son aptas para el trabajo", unas prácticas que, dijo, "ponen en riesgo la existencia humana". "Querríamos ver más reconocidos en Cataluña valores fundamentales como el don de la vida, desde su concepción a la muerte natural", señala el documento de los obispos catalanes.

El texto también hace referencia a la "reiteración de escenas de violencia en la televisión", que, asegura, pueden provocar "consecuencias funestas" y que relaciona directamente con "el clima de permisividad absoluta" que "fomentan, en Cataluña, muchos medios de expresión cultural".

En el marco del apartado sobre la violencia y el terrorismo de raíz radical islámica, los obispos reflexionan sobre la inmigración y, en concreto, alertan de que "sería un error gravísimo caer en la sospecha, la acusación gratuita o la discriminación" de la comunidad musulmana.

En cuanto a la enseñanza, la Iglesia catalana aspira a "ver más plenamente respetado el derecho de los padres y madres a decidir el tipo de educación -también por lo que respecta a la religión y a la moral- de sus hijos, y más plenamente acogida y apoyada la contribución histórica al bien común de la escuela cristina en Cataluña".

Fomentar el consumismo

Frente a valores que consideran "signos de esperanza", como "la solidaridad que va creciendo en la sociedad catalana", el texto critica que "se tome como criterio único de elección lo que más satisfacción puede dar, o más beneficio, o más aceptación social", y cita conceptos como el consumismo o el individualismo. Finalmente, los obispos aspiran a reactivar su misión evangelizadora en un marco de "diálogo no agresivo".



Las muertes en Argentina por abortos clandestinos
www.pagina12.com.ar

Un estudio del Cedes llevado a cabo en seis provincias determinó que el 27,4 por ciento de las defunciones maternas se debe a complicaciones por abortos inseguros.

El aborto es la principal causa de muerte materna y tiene particular incidencia en los sectores más desfavorecidos. Si bien es una situación muy conocida entre las organizaciones de derechos humanos, en este caso lo confirma un estudio académico realizado por el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes).

Las conclusiones del trabajo, que abarcó casos de todo un año en seis provincias, remarcan la necesidad de que el Estado intervenga sobre las complicaciones producidas por abortos inseguros y apunta también a la cuestión legal: la descriminalización del aborto.

“Es necesario mejorar la capacidad técnica y la calidad del trato en el manejo de las complicaciones de abortos, asegurar la consejería y la provisión de anticonceptivos posaborto a quienes se internan por complicaciones e introducir la aspiración manual endouterina para reducir el tiempo de internación y la morbilidad asociada a los legrados”, subraya el trabajo “Mortalidad Materna en la Argentina”, realizado por la especialista en el tema e investigadora del Cedes Silvina Ramos.

El trabajo determinó que el 27,4 por ciento de las defunciones maternas en las provincias estudiadas es producto de complicaciones del aborto y demostró que el riesgo de muerte materna aumenta diez veces cuando la estructura hospitalaria no es la adecuada. Entre las conclusiones de la investigación se recomienda, con respecto al modelo asistencial, lograr la descriminalización del aborto, “dado que la evidencia muestra que la clandestinidad de su práctica expone a las mujeres, especialmente a las más pobres de la sociedad, a prácticas que ponen en riesgo su salud y su vida”.

También se destaca la necesidad de mejorar la accesibilidad a los servicios de salud y redefinir la estrategia de la red asistencial “de tal manera que las derivaciones ocurran oportunamente y los servicios de salud donde se atienden partos y/o complicaciones de abortos cuenten con disponibilidad permanente de profesionales entrenados e insumos críticos para el manejo de la emergencia en obstetricia”. Al respecto, se explica que está comprobada la eficacia del sulfato de magnesio para el manejo de trastornos hipertensivos, la aspiración manual endouterina para completar los abortos, los antibióticos para el tratamiento de la sepsis y se subraya la imprescindible necesidad de que todos los centros de salud cuenten con sangre segura. “La capacitación continua de los equipos de salud para promover la utilización de procedimientos y tecnologías eficaces para tratar los problemas de la emergencia obstétrica debería formar parte de la estrategia” para mejorar la situación, sostiene la especialista.

Con respecto a la prevención y promoción de la salud, se propone fortalecer las acciones en prevención del embarazo no deseado a través de servicios de salud reproductiva que incluyan “la consejería y provisión gratuita y sin discriminación de anticonceptivos de calidad, según las preferencias y necesidades de las mujeres”.

El relevamiento del Cedes fue realizado entre noviembre de 2002 y octubre de 2003 en Chaco, Formosa, San Juan, San Luis, Tucumán y Mendoza. En esta última provincia, las muertes por aborto llegan al 35 por ciento. Con una metodología cualicuantitativa, la investigación trabajó sobre las condiciones clínicas, sanitarias y socioculturales a las que estuvieron expuestas las 95 mujeres fallecidas que registró el trabajo.

Entre los factores de riesgo para la muerte materna al momento de la atención de la emergencia obstétrica se destacan “errores de diagnóstico, tratamiento ambulatorio sintomático y demoras en la derivación a centros de mayor complejidad”. También asegura que, entre las mujeres que interrumpieron su embarazo, hubo una marcada demora en buscar ayuda profesional y afirma que ese factor tiene particular incidencia en el desenlace fatal de los casos. “El estigma asociado al aborto clandestino puede estar explicando esta demora”, sostiene la investigación.

Otro de los puntos que recoge el trabajo es la falta de involucramiento del hombre y la violencia ejercida sobre la mujer. Ambos factores dificultan “cuando no impiden” a las mujeres la adopción de prácticas anticonceptivas para evitar embarazos no deseados.

El fundamento del trabajo destaca que, internacionalmente, las complicaciones de salud durante el embarazo y el parto son responsables del 18 por ciento de la carga global de enfermedades de las mujeres entre 15 y 44 años.

Técnicas de propaganda
Manuel Diaz.

A lo largo de mi experiencia como profesor he confirmado que muchos jóvenes están a favor del aborto porque nunca pensaron o discutieron con profundidad el tema.

Si leyeran, pensaran y discutieran libremente todo el tiempo que tengan la necesidad, cambiarían de opinión.

Tienen una opinión superficial. Así como las aguas superficiales se dislocan con el viento, así la opinión superficial también se orienta con el viento de la propaganda. Es lo que pasa con la opinión sobre el presunto derecho de las mujeres al aborto.

Para que la gente no piense se utiliza una técnica propagandística, que es entre otros trucos, primero hacer desaparecer el cuerpo de delito, y después hacer de victima al autor punido, reduciendo este hacer de victima a un clamor de vergüenza. No tener todavía una ley de plazos que liberalizara el aborto produce la vergüenza sin otras razones. O sea, no piense, no discuta, ni vea; avergüéncese.

Alarmantes datos de aborto en Argentina

La mortalidad por el aborto en la Argentina es 25 veces mayor al promedio de todo el mundo.

Se hacen 41 abortos por hora, 1.000 por día y 350.000 por año en la Argentina.

Una mujer muere cada dos días por intervenciones mal hechas. Esta es la principal causa de muerte materna.

3.600 mujeres se internan por año en hospitales de Buenos Aires por complicaciones en abortos.

Un tercio de las intervenciones quirúrgicas de los servicios de emergencias de los hospitales porteños son como consecuencia de abortos mal hechos.

El 50% de las camas de ginecología de los hospitales de Buenos Aires están ocupadas por mujeres que se recuperan de un aborto mal hecho.

La diferencia en las tasas de mortalidad materna entre las provincias argentinas son muy marcadas. Van de 30 por 100.000 nacidos vivos en Río Negro a 160 en Salta y Jujuy o 170 en Formosa.

Solo un 10% de las adolescentes sexualmente activas de Latinoamérica se cuidan con algún método anticonceptivo.

En América latina, más del 20# de los embarazos ocurren en menores de 18 años y entre el 20 y el 50% de los embarazos de adolescentes terminan en aborto.

Cada año hay 53.000.000 de abortos en todo el mundo y casi la mitad son clandestinos.

Sólo hay 16 países que lo prohiben en todos los casos sin excepción.

El aborto en Uruguay
Lilián Abracinsckas, Alejandra López Gómez.

El aborto inseguro y clandestino constituye en grave problema de salud pública y de derechos humanos. En Uruguay, su práctica en condiciones de ilegalidad e inseguridad, afecta severamente la vida y la salud de muchas mujeres y sus familias. A pesar del costo humano y social que está situación genera, los debates y la investigación científica resultan notablemente insuficientes. Las organizaciones de mujeres -desde hace muchos años- impulsamos la inclusión en la agenda social y política de la problemática del aborto. Porque consideramos que su definición constituye un asunto político que tiene efectos directos en las vida personal y en las relaciones sociales de los y las uruguayos/as.

A nivel mundial se ha comprobado que la legislación restrictiva no previene, ni evita el aborto y que muy por el contrario lo transforma en un grave problema de salud para las mujeres. En tal sentido, la Conferencia Internacional de Naciones Unidas sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) en el Cap. VII del Programa de Acción, convoca a los gobiernos a considerar el aborto inseguro como un problema mayor de salud pública, a mejorar los servicios de planificación familiar para evitar los abortos, a proveer de atención y orientación a las mujeres que tengan embarazos no planeados, que se determinen las medidas y cambios sobre el trato del aborto a nivel nacional, y local de acuerdo a procesos legales nacionales, y afirma que "en todos los casos las mujeres deben tener acceso a servicios de calidad para el manejo de las complicaciones de los abortos. Los servicios de orientación, educación y planificación familiar post-aborto deben ser inmediatos para ayudar a prevenir abortos repetidos", y "debe considerarse la revisión de leyes de penalización contra las mujeres que han practicado abortos ilegales."

Creemos que es necesario profundizar en el debate público sobre el aborto, una realidad siempre presente en la vida cotidiana de las mujeres y sus parejas. Intentamos aportar al debate pero fundamentalmente a la búsqueda de soluciones para este grave problema.

El tratamiento de la temática del aborto en Uruguay amerita una reflexión profunda: no existen datos suficientes sobre su prevalencia ni tampoco estimaciones confiables sobre esta práctica en las mujeres uruguayas, ni tampoco existen investigaciones desde el ámbito académico que permita conocer y comprender los significados del aborto inducido para las mujeres, para sus familias, y para los y las profesionales de la salud. No se conoce tampoco cómo se comportan los hombres frente a la toma de decisión de un aborto inducido en su pareja (ocasional o estable). Sí se cuenta con encuestas de opinión pública las cuales señalan una tendencia creciente y favorable a la despenalización (en algunas o todas las causales).

Entre la vida y la elección
Carl Sagan.

El artículo que sigue del científico Carl Sagan, redactado en colaboración con Ann Druyan y publicado por vez primera el 22 de abril de 1990 en la revista Parade, llevó como título originariamente "La cuestión del aborto: una búsqueda de respuestas", título que ilustra la intención de los autores de hallar un camino intermedio en la radical oposición de opiniones que genera el tema. Luego, el artículo fue publicado como parte del libro "Miles y millones", el último escrito por Sagan antes de morir.

"La humanidad gusta de pensar en términos de extremos opuestos.

Está acostumbrada a formular sus creencias bajo la forma de esto ‘o lo otro’, entre los que no reconoce posibilidades intermedias. Cuando se la fuerza a reconocer que no cabe optar por los extremos, todavía sigue inclinada a mantener que son válidos en teoría, pero que en las cuestiones prácticas las circunstancias nos obligan a llegar a un compromiso".

John Dewey, Experience and Education, I, 1938.


La cuestión quedó zanjada hace años. El poder judicial optó por el término medio. Uno pensaría que la polémica había concluido, pero sigue habiendo concentraciones masivas, bombas e intimidación, muertes de trabajadores de clínicas abortistas, detenciones, intensas campañas, drama legislativo, audiencias del Congreso, decisiones del Tribunal Supremo, grandes partidos políticos que casi se definen sobre la materia y eclesiásticos que amenazan con la perdición a los políticos. Los adversarios se lanzan acusaciones de hipocresía y asesinato. Se invocan por igual el espíritu de la Constitución y la voluntad de Dios. Se recurre a argumentos dudosos como si fueran certidumbres. Los bandos en liza apelan a la ciencia para fortalecer sus posiciones. Se dividen las familias, maridos y mujeres deciden no hablar del asunto, viejos amigos dejan de hablarse. Los políticos examinan los últimos sondeos para descubrir qué les dicta la conciencia. Entre tanto grito, resulta difícil que los adversarios se escuchen.

Las opiniones se polarizan. Las mentes se cierran.

¿ Es ilícito interrumpir un embarazo? ¿Siempre? ¿A veces? ¿Nunca? ¿Cómo decidir? Escribimos este artículo para entender mejor cuáles son las posturas enfrentadas y para ver si conseguimos hallar una posición que satisfaga ambas. ¿No existe término medio? Hay que sopesar los argumentos de uno y otro bando para determinar su consistencia y plantear supuestos prácticos, puramente hipotéticos en más de un caso. Si pareciera que algunos de estos supuestos van demasiado lejos, solicitamos del lector que tenga paciencia, pues estamos tratando de forzar las diversas posturas hasta su punto de ruptura a fin de advertir sus debilidades y fallos.

Cuando se reflexiona sobre ello, casi todo el mundo reconoce que no hay una respuesta tajante. Vemos que muchos partidarios de posturas divergentes experimentan cierta inquietud o incomodidad cuando se dualiza lo que hay detrás de los argumentos enfrentados (en parte por eso se rehúyen tales confrontaciones). La cuestión afecta con seguridad a interrogantes más hondos: ¿cuáles son nuestras responsabilidades mutuas?, ¿debemos permitir que el Estado intervenga en los aspectos más íntimos y personales de nuestra vida? ¿dónde están los límites de la libertad? ¿qué significa ser humano?

Respecto de los múltiples puntos de vista, existe la extendida opinión, sobre todo en los medios de comunicación que rara vez tienen el tiempo o la inclinación debidos para establecer distinciones sutiles de que sólo existen dos, "pro elección" y "pro vida". Así es como se autodenominan los dos bandos contendientes y así los llamaremos aquí. En la caracterización más simple, un partidario de la elección sostendrá que la decisión de interrumpir un embarazo sólo corresponde a la mujer y que el Estado no tiene derecho a intervenir, en tanto que un antiabortista mantendrá que el embrión o feto está vivo desde el momento de la concepción, que está vida nos impone la obligación moral de preservarla y que el aborto equivale a un asesinato.

Ambas denominaciones (pro elección y pro vida) se eligieron pensando en influir sobre quienes aún no se habían decidido: pocos desearán ser incluidos entre los adversarios de la libertad de elección o los enemigos de la vida. La libertad y la vida son, desde luego, dos de nuestros valores más apreciados, y aquí parecen hallarse en un conflicto fundamental.

Consideraremos sucesivamente estas dos posiciones absolutistas.

Un bebé recién nacido es con seguridad el mismo ser que justo antes de nacer. Existen pruebas sólidas de que un feto ya bien desarrollado reacciona a los sonidos, incluyendo la música, pero en especial a la voz de su madre. Puede chuparse el pulgar o sobresaltarse. De vez en cuando genera ondas cerebrales de adultos. Hay quienes afirman recordar su nacimiento o incluso el entorno uterino. Quizá se piense dentro del útero. Resulta difícil sostener que en el momento del parto sobreviene abruptamente una transformación hacia la personalidad plena. ¿Por qué, pues, debería considerarse asesinato matar un bebé el día después de nacer pero no el día antes?

En términos prácticos, esto es poco importante. Menos del 1% de los abortos registrados en Estados Unidos tienen lugar en los tres últimos meses del embarazo (y tras una investigación más atenta se descubre que la mayoría corresponden a abortos naturales o errores de cálculos), sin embargo, los abortos realizados durante el tercer trimestre proporcionan una prueba de los límites del punto de vista "pro elección". ¿Abarca el "derecho innato de una mujer a controlar su propio cuerpo" el de matar un feto casi completamente desarrollado y que, a todos los fines, resulta idéntico a un recién nacido?

Creemos que muchos de quienes defienden la libertad reproductiva se sienten, al menos en ocasiones, inquietos ante esta pregunta, pero son reacios a planteársela porque es el comienzo de una pendiente resbaladiza. Si resulta inadmisible suspender un embarazo el noveno mes, ¿qué sucede con el octavo, el séptimo, el sexto...? ¿No cabe deducir que el Estado puede intervenir en cualquier momento si reconocemos su capacidad para actuar en un determinado momento del embarazo? Esto invoca el espectro de unos legisladores, predominantemente varones y opulentos, decidiendo que mujeres que viven en la pobreza carguen con unos niños que no pueden permitirse el lujo de criar; obligando a adolescentes a traer al mundo hijos para los que no están emocionalmente preparadas; diciendo a las mujeres que aspiran a una carrera profesional que deben renunciar a sus sueños, quedarse en casa y criar niños; y, lo peor de todo, condenando a las víctimas de violaciones e incestos a aceptar sin más la prole de sus agresores. Las prohibiciones legislativas del aborto suscitan la sospecha de que su auténtico propósito sea controlar la independencia y la sexualidad de las mujeres.

¿Con qué derecho los legisladores se permiten decir a las mujeres qué deben hacer con su cuerpo? La privación de la libertad de reproducción es degradante. Las mujeres ya están hartas de ser avasalladas. Sin embargo, todos estamos de acuerdo en que es justo que se prohiba el asesinato y que se imponga una pena a quien lo comete. Muy débil sería la defensa del asesino si alegara que se trataba de algo entre su víctima y él, y que eso no concernía a los poderes públicos. ¿No es deber del Estado impedir que se elimine un feto si ese acto constituye de hecho el asesinato de un ser humano? Se supone que una de las funciones del Estado es proteger al débil frente al fuerte.

Si no nos oponemos al aborto en alguna etapa del embarazo, ¿no existe el peligro de considerar a toda una categoría de seres humanos indigna de nuestra protección y respeto? ¿No es ésa una de las características del sexismo, el racismo, el nacionalismo y el fanatismo? ¿Acaso quienes se dedican a combatir tales injusticias no deberían evitar escrupulosamente que se cometa otra?

Hoy por hoy no existe el derecho a la vida en ninguna sociedad de la Tierra, ni ha existido en el pasado (con unas pocas excepciones, como los jainistas de la India): criamos animales de granja para su sacrificio, destruimos bosques, contaminamos ríos y lagos hasta que ningún pez puede vivir en ellos, matamos ciervos y alces por deporte, leopardos por su piel y ballenas para hacer abono, atrapamos delfines que se debaten faltos de aire en las grandes redes para atunes, matamos cachorros de foca a palos, y cada día provocamos la extinción de una especie. Todas esas bestias y plantas son seres vivos como nosotros. Lo que (supuestamente) está protegido no es la vida en sí, sino la vida humana.

Aun con esa protección, el homicidio ocasional es un hecho corriente en las ciudades y libramos guerras "convencionales" con un costo tan elevado que por lo general preferimos no pensar demasiado en ello. (Significativamente, suelen justificarse las matanzas en masa organizadas por los estados redefiniendo como subhumanos a nuestros adversarios de raza, nacionalidad, religión, e ideología). Esa protección, ese derecho a la vida, no reza para los 40.000 niños menores de 5 años que mueren cada día en el planeta por causa de inanición, deshidratación, enfermedades y negligencias que habrían podido evitarse.

La mayoría de quienes defienden el "derecho a la vida" no se refieren a cualquier tipo de vida, sino, especial y singularmente, a la vida humana. También ellos, como los partidarios de la elección, deben decidir qué distingue a un ser humano de otros animales y en qué momento de la gestación emergen esas cualidades específicamente humanas, sean cuales fueren.

Pese a las numerosas afirmaciones en contra, la vida no comienza en el momento de la concepción; es una cadena ininterrumpida que se remonta a los orígenes de la Tierra, hace 4.600 millones de años.

Tampoco la vida humana comienza en la concepción, sino que es una cadena ininterrumpida que se remonta a los orígenes de nuestra especie, hace cientos de miles de años. Más allá de toda duda, cada espermatozoide y cada óvulo humano están vivos. Es obvio que no son seres humanos, pero lo mismo podría decirse de un óvulo fecundado.

En algunos animales, un óvulo puede desarrollarse hasta convertirse en un adulto sano sin la contribución de un espermatozoide. No sucede así, por lo que sabemos, entre los seres humanos, Un espermatozoide y un óvulo no fecundado comprenden conjuntamente toda la donación genética de una persona. En ciertas circunstancias, tras la fecundación pueden llegar a convertirse en un bebé. Sin embargo, la mayoría de óvulos fecundados aborta de modo espontáneo. La conclusión del desarrollo no está garantizada. Ni el espermatozoide ni el óvulo aislados, como así tampoco el óvulo fecundado, pasan de ser un bebé o un adulto potenciales. ¿Por qué, pues, no se considera asesinato destruir un espermatozoide o un óvulo si uno y otro son tan humanos como el óvulo fecundado producido por su unión, y en cambio sí se considera asesinato destruir un óvulo fecundado, aunque sólo sea un bebé en potencia?

De una eyaculación humana media surgen centenares de millones de espermatozoides (agitando la cola y a una velocidad de 12 cm por hora). Un hombre joven y sano puede producir en una o dos semanas espermatozoides suficientes para doblar la población humana de la tierra. ¿Significa esto que la masturbación es un asesinato en masa? ¿Qué decir, entonces, de las poluciones nocturnas o del simple acto sexual? ¿Muere alguien cuando cada mes se expulsa el óvulo no fecundado? ¿Deberíamos llorar todos esos abortos espontáneos? Muchos animales inferiores pueden desarrollarse en laboratorio a partir de una sola célula corporal. Las células humanas pueden ser objeto de clonación. (La cepa más famosa quizá sea la He La, bautizada así por Helen Lane, su donante.) a la luz de tal tecnología, ¿sería un crimen en masa la destrucción de células potencialmente clonables? ¿Y el derramamiento de una gota de sangre?

Todos los espermatozoides y óvulos son mitades genéticas de seres humanos potenciales.

¿Es preciso hacer esfuerzos heroicos por salvar y preservar a todos y cada uno, en razón de ese "potencial"? Existe desde luego, una diferencia entre suprimir una vida y no salvarla. También es muy distinta la probabilidad de supervivencia de un espermatozoide de la de un óvulo fecundado. Sin embargo, el absurdo de un cuerpo de ínclitos conservadores de semen nos lleva a preguntarnos si es el simple "potencial" que tiene un óvulo fecundado de convertirse en un bebé convierte realmente su destrucción en un asesinato.

A los enemigos del aborto les preocupa que, una vez autorizado el inmediato a la concepción, ninguna argumentación lo impida en cualquier momento subsiguiente del embarazo. Temen que un día resulte admisible matar a un feto que sea, inequívocamente, un ser humano. Tanto los partidarios de la elección como los de la vida (al menos algunos) se ven empujados a posiciones tajantes por su temor compartido a esa pendiente resbaladiza.

Otra pendiente resbaladiza es aquella a la que llegan los antiabortistas dispuestos a hacer una excepción en el caso angustioso de un embarazo fruto de la violación del incesto.

Ahora bien, ¿por qué debería depender el derecho a la vida de circunstancias de la concepción?

¿Puede el Estado decidir la vida para la prole de una unión legítima y la muerte para la concebida por la fuerza o la coerción, cuando en ambos casos se trata de la vida de un niño? ¿Cómo puede ser esto justo? Por otra parte, ¿por qué no hacer extensiva a cualquier otro feto la excepción que se aplica a éstos?

A tal motivo se debe en parte el que algunos antiabortistas adopten la postura, considerada indignante por muchas otras personas, de oponerse al aborto en cualquier circunstancia (excepto, quizá, cuando corre peligro la vida de la madre).

En todo el mundo, la causa más frecuente de aborto es, con mucho, el control de la natalidad. ¿No deberían, entonces, los adversarios del aborto distribuir anticonceptivos y enseñar su uso a los escolares?

Ése sería un medio eficaz de reducir los abortos. Por el contrario, Estados Unidos se halla muy por detrás de otras naciones en el desarrollo de métodos seguros y eficaces de control de la natalidad y, en muchos casos, la oposición a tales investigaciones (y a la educación sexual) ha procedido de las mismas personas que se oponen al aborto.

La búsqueda de un criterio éticamente sólido y no ambiguo acerca de si el aborto es admisible en algún momento tienen profundas raíces históricas. Con frecuencia, y sobre todo en la tradición cristiana, esta búsqueda estuvo ligada a la cuestión del instante en que el alma penetra en el cuerpo, materia no demasiado susceptible de investigación científica y tema polémico incluso entre teólogos eruditos. Se ha afirmado que la infusión del alma tenía lugar en el semen antes de la concepción, durante ésta, en el momento en que la madre percibe por vez primera los movimientos del feto en su seno y el nacimiento mismo o incluso más tarde.

Cada religión tiene su doctrina.

Entre los cazadores-recolectores no suele haber prohibiciones contra el aborto, y también era corriente en la Grecia y la Roma antiguas.

Por el contrario, los asirios, más severos, empalaban en estacas a las mujeres que trataban de abortar. El Talmud judío enseña que el feto no es una persona y, en consecuencia, carece de derechos. Tanto en el antiguo Testamento como en el Nuevo, (que abundan en prohibiciones en extremo minuciosas, con respecto a la indumentaria, dieta y palabras) no aparece una sola mención que prohíba de modo específico el aborto. El único pasaje que menciona algo relevante en ese sentido (Éxodo 21:22) declara que si surge una pelea y una mujer resulta accidentalmente lesionada y aborta, el responsable debe pagar una multa.

Ni San Agustín ni Santo Tomás de Aquino consideraban homicidio el aborto en fase temprana (el último basándose en que el embrión no "parece" humano). Esta idea fue adoptada por la iglesia en el Concilio de Vienne (Francia) en 1312 y nunca ha sido repudiada. La primera recopilación de derecho canónico de la Iglesia Católica, vigente durante mucho tiempo (de acuerdo con el notable historiador de las enseñanzas eclesiásticas sobre el aborto, John Connery, S.J.) sostenía que el aborto era homicidio sólo después de que el feto estuviese ya "formado", aproximadamente hacia el final del primer trimestre.

Sin embargo, cuando en el siglo XVII se examinaron los espermatozoides a través de los primeros microscopios, parecían mostrar un ser humano plenamente formado.

Se resucitó así la vieja idea del homúnculo, según la cual cada espermatozoide era un minúsculo ser humano plenamente formado, dentro de cuyos testículos había otros innumerables homúnculos, y así ad infinitum.

En parte por obra de esta mala interpretación de datos científicos, el aborto, en cualquier momento y por cualquier razón, se convirtió en motivo de excomunión a partir de 1869. Para la mayoría de los católicos resulta sorprendente que la fecha no sea más remota.

Desde la época colonial hasta el siglo XIX, en Estados Unidos la mujer era libre de decidir hasta que "el feto se movía". Un aborto en el primer trimestre de embarazo, e incluso en el segundo, constituía, en el peor de los casos, una infracción. Rara vez se solicitaba una condena al respecto, y resultaba casi imposible de obtener, en parte porque dependía por entero del propio testimonio de la mujer acerca de si había sentido los movimientos del feto, y en parte por la repugnancia del jurado a declararla culpable por haber ejercido su derecho a elegir. Se sabe que en 1800 no existía en Estados Unidos una sola disposición concerniente al aborto. En la práctica totalidad de los periódicos (ya hasta en muchas publicaciones eclesiásticas) aparecían anuncios de productos abortivos, aunque el lenguaje empleado fuese convenientemente eufemístico.

Hacia 1900, en cambio, en todos los estados de la Unión, el aborto estaba vedado en cualquier momento del embarazo, excepto cuando fuese necesario para salvar la vida de la mujer. ¿Qué sucedió para que se produjera un cambio tan extraordinario? La religión tuvo poco que ver. Las drásticas transformaciones económicas y sociales que se producían en Estados Unidos estaban transformando la sociedad agraria en otra urbana e industrializada. Norteamérica estaba pasando de una de las tasas más altas de natalidad del mundo a una de las más bajas. Es innegable que el aborto desempeñó un papel en ello y estimuló fuerzas para su supresión.

Una de las más significativas fue la profesión médica. Hasta mediados del siglo XIX la medicina constituía una actividad sin reconocimiento oficial y sin supervisión.

Cualquiera podía colocar un cartel a la puerta de su casa y autotitularse médico. Con el auge de una nueva elite médica de formación universitaria, ansiosa de incrementar el rango y la influencia de los facultativos, se constituyó la asociación Médica Americana. Durante su primera década la AMA empezó a presionar para que el aborto sólo pudiera ser efectuado por quienes poseyesen título facultativo. Los nuevos conocimientos en embriología, afirmaban los médicos, habían revelado que el feto era humano incluso antes de que la madre sintiese su presencia.

El asalto de la profesión médica contra el aborto no se debió a una inquietud por la salud de la mujer, sino, según se decía, por el bienestar del feto. Había que ser médico para saber cuándo resultaba moralmente justificable un aborto, porque la cuestión dependía de hechos científicos y médicos que sólo los facultativos comprendían. Al mismo tiempo, las mujeres quedaban excluidas de las facultades de medicina, donde habrían podido adquirir conocimientos tan arcanos.

Tal como se desarrollaban las cosas, las mujeres nada tenían que decir acerca de la interrupción de sus propios embarazos. También correspondía a los médicos determinar si la gestación planteaba un riesgo para la mujer y quedaba enteramente a su discreción decidir qué era arriesgado y qué no lo era.

Para la mujer rica, podía tratarse de un peligro para su tranquilidad emocional o incluso para su estilo de vida. La mujer pobre se veía a menudo obligada a recurrir al aborto clandestino.

Así fue la ley hasta la década de los sesenta de este siglo, cuando una coalición de individuos y organizaciones, entre las que figuraba la AMA, trató de abolirla y restablecer los valores más tradicionales que se encarnarían en el caso Roe contra Wade.

Si uno mata deliberadamente a un ser humano, se dice que ha cometido un asesinato. Si el muerto es un chimpancé (nuestro más próximo pariente biológico, con el que compartimos el 99,6% de genes activos) cualquiera, entonces no es asesinato. Hasta la fecha, el asesinato se aplica sólo al hecho de matar seres humanos. Por eso resulta clave en el debate sobre el aborto la cuestión del momento en que surge la personalidad (o, si se prefiere, el alma). ¿Cuándo se hace humano el feto? ¿Cuándo emergen las cualidades distintivamente humanas?

Reconocemos que la fijación de un momento exacto tiene que pasar por alto las diferencias individuales. Por este motivo, si hay que trazar una línea, se debe proceder con cautela, es decir, pecar más por exceso que por defecto. Hay personas que se oponen al establecimiento de un límite numérico, y compartimos su inquietud, pero si tiene que existir una ley sobre esta materia, que represente un compromiso útil entre las dos posiciones extremas, hay que determinar, al menos aproximadamente, un período de transición hacia la personalidad.

Cada uno de nosotros partió de un punto. Un óvulo fecundado tiene aproximadamente el tamaño del punto que hay al final de esta frase. La unión trascendental de espermatozoide y óvulo suele tener lugar en una de las dos trompas de Falopio. Una célula se convierte en dos, dos se convierten en cuatro, etcétera (una aritmética exponencial de base 2). Hacia el décimo día el óvulo fecundado se ha trocado en una especie de esfera hueca que se encamina hacia otro reino, el útero. A su paso destruye tejidos, absorbe sangre de los vasos capilares, se baña en la sangre materna, de la que extrae oxígeno y nutrientes, y se fija como una especie de parásito a la pared del útero.

Hacia la tercera semana, para cuando se produce la primera falta, el embrión en formación tiene dos milímetros de longitud y desarrolla varias partes del cuerpo.

Sólo en esta etapa comienza a depender de una placenta rudimentaria. Recuerda algo a un gusano segmentado.

Hacia el final de la cuarta semana ya mide unos cinco milímetros.

Es reconocible ahora como vertebrado, su corazón en forma de tubo comienza a latir, se advierte algo parecido a los arcos branquiales de un pez o un anfibio, y una cola pronunciada. Parece más bien una lagartija acuática o un renacuajo. Este es el final del primer mes de gestación.

Hacia la quinta semana, cabe distinguir las grandes divisiones del cerebro. Se evidencia lo que más tarde serán los ojos y aparecen unos pequeños brotes que luego se transformarán en brazos y piernas.

Hacia la sexta semana el embrión mide 13 milímetros. Los ojos permanecen todavía a los lados de la cabeza, como en la mayor parte de los animales, y la cara reptiliana posee unas hendiduras unidas que más tarde darán lugar a la boca y la nariz.

Hacia el final de la séptima semana la cola casi ha desaparecido y se advierten ya caracteres sexuales (aunque ambos sexos parecen femeninos). La cara es de mamífero, pero un tanto porcina.

Hacia el final de la octava semana la cara semeja la de un primate, si bien aún no es del todo humana.

En sus elementos esenciales ya están presentes la mayoría de las partes del cuerpo. La anatomía del cerebro inferior está bien desarrollada. El feto revela respuestas reflejas a estímulos sutiles.

Hacia la décima semana la cara tiene ya un aspecto inconfundiblemente humano. Comienza a ser posible distinguir niños de niñas. Las uñas y las grandes estructuras óseas no resultan evidentes hasta el tercer mes.

Hacia el cuarto mes se puede diferenciar la cara de un feto de la de otro. En el quinto mes la madre suele sentir sus movimientos. Los bronquiolos pulmonares no empiezan a desarrollarse hasta aproximadamente el sexto mes y los alvéolos aún más tarde.

¿Cuándo accede, pues, un feto a la personalidad, habida cuenta de que sólo una persona puede ser asesinada? ¿Cuándo la cara se torna claramente humana, cerca del final del primer trimestre? ¿Cuándo reacciona ante estímulos, también al final del primer trimestre? ¿Cuándo se torna lo bastante activo para que la madre lo sienta, hacia la mitad del segundo trimestre? ¿Cuándo los pulmones alcanzan un grado de desarrollo suficiente para que el feto pueda respirar por sí mismo, llegado el caso, el aire exterior?

Lo malo de estos hitos del desarrollo no es sólo que sean arbitrarios: más inquietante resulta el hecho de que ninguno implica características exclusivamente humanas, al margen de la cuestión superficial de la apariencia facial. Todos los animales reaccionan ante los estímulos y se mueven a su antojo. Muchos son capaces de respirar. Sin embargo, eso no impide que los matemos por miles de millones. Los reflejos, el movimiento y la respiración no son lo que nos hace humanos.

Otros animales nos superan en velocidad, fuerza, resistencia, a la hora de trepar, excavar o camuflarse, en vista, olfato, oído, o en el dominio del aire o del agua. Nuestra única gran ventaja es el pensamiento. Somos capaces de reflexionar, de imaginar acontecimientos que todavía no han sucedido, de concebir cosas. Así fue como inventamos la agricultura y la civilización. El pensamiento es nuestra bendición y nuestra maldición, y nos hace ser lo que somos.

El pensamiento tiene lugar, desde luego, en el cerebro, sobre todo en las capas superiores de la "materia gris" replegada que llamamos corteza cerebral. Cerca de 100.000 millones de neuronas cerebrales constituyen la base material del pensamiento. Las neuronas están unidas entre sí y sus conexiones desempeñan un papel crucial en lo que llamamos pensamiento, pero la conexión a gran escala de las neuronas no empieza hasta el sexto mes de embarazo.

Mediante la colocación de electrodos inofensivos en la cabeza de un individuo, los científicos pueden medir la actividad eléctrica emanada de la red de neuronas cerebrales.

Diferentes tipos de acción mental revelan distintas clases de ondas cerebrales, pero las pautas regulares típicas del cerebro humano de un adulto no aparecen en el feto hasta cerca de la trigésima semana del embarazo, hacia el comienzo del tercer trimestre. Hasta entonces, los fetos, por vivos y activos que parezcan, carecen de la necesaria arquitectura cerebral. Todavía no pueden pensar.

Aceptar que se puede matar cualquier criatura viva, en especial una que más tarde tal vez se convierta en un bebé, es problemático y doloroso, pero hemos rechazado los extremos "siempre" y "nunca", y eso nos coloca, querámoslo o no, en la pendiente resbaladiza. Si tenemos que optar por un criterio de desarrollo, aquí es donde hay que trazar la raya: cuando se hace posible un mínimo asomo de pensamiento característicamente humano.

Se trata, en realidad, de una definición muy conservadora, rara vez se encuentran en un feto ondas cerebrales regulares. Serían útiles nuevas investigaciones (también comienzan tardíamente las ondas cerebrales bien definidas durante la gestación de fetos babuinos y ovejas). Si pretendemos que el criterio sea todavía más estricto para tomar en consideración el desarrollo cerebral precoz de algún feto, podemos trazar la raya a los seis meses. Ahí es en donde la trazó el Tribunal Supremo de Estados Unidos en 1973, aunque por razones completamente diferentes.

Su decisión en el caso Roe contra Wade modificó la legislación estadounidense sobre el aborto, que lo permite a petición de la mujer sin limitaciones durante el primer trimestre y, con ciertas restricciones encaminadas a proteger su salud, en el segundo trimestre y autoriza a los estados a prohibir el aborto en el tercer trimestre, excepto cuando exista una seria amenaza para la vida o la salud de la mujer. En la decisión de Webster de 1989, el Tribunal Supremo se negó explícitamente a revocar la sentencia del caso Roe contra Wade, pero de hecho invitó a las 50 legislaturas estatales a que decidiesen por su cuenta.

¿Cuál fue el razonamiento en el caso Roe contra Wade? No reconocía peso legal a lo que suceda con los niños una vez nacidos o con la familia. El tribunal determinó, en cambio, que el derecho de una mujer a la libertad de reproducción se halla protegido por la garantía constitucional de su intimidad. Ahora bien, ese derecho no es omnímodo. Hay que sopesar la garantía de intimidad de la mujer y el derecho a la vida del feto, y cuando el tribunal consideró la cuestión otorgó prioridad a la intimidad en el primer trimestre y a la vida en el tercero. La transición no se estableció según las consideraciones tratadas hasta ahora en este capítulo: cuándo sucede la "infusión del alma" o en qué momento reviste el feto suficientes rasgos humanos para ser protegido por la legislación contra el asesinato. El criterio adoptado fue, por el contrario, si el feto podía vivir fuera de la madre. Esto es lo que se denomina "viabilidad ", y depende en parte de la capacidad de respirar. Sencillamente, los pulmones no están desarrollados y el feto no puede respirar (por muy perfeccionado que fuese el pulmón artificial de que se le dotase) hasta cerca de la vigésimo cuarta semana, hacia el comienzo del sexto mes. Es por esto por lo que la legislación estadounidense permite a los estados prohibir los abortos en el tercer trimestre.

Se trata de un criterio muy pragmático.

Según la argumentación, si en una cierta etapa de la gestación pudiese ser viable el feto fuera del útero, entonces su derecho a la vida se impondría al derecho de la mujer a la intimidad. Ahora bien, ¿qué significa "viable"? Incluso un recién nacido a término no es viable sin cuidado y cariño considerables. Hace tan solo unas décadas, antes de las incubadoras, la viabilidad de los bebés nacidos en el séptimo mes era improbable. ¿Hubiera sido admisible entonces abortar en el séptimo mes?

¿Se tornaron de repente inmorales los abortos en el séptimo mes tras la invención de las incubadoras? ¿Qué sucederá si en el futuro se desarrolla una nueva tecnología que permita a un útero artificial mantener un feto vivo incluso antes del sexto mes, proporcionándole oxígeno y nutrientes a través de la sangre (como hace la madre a través de la placenta)? Reconocemos que es improbable que vaya a existir esa tecnología a corto plazo o que llegue a estar al alcance de gran número de personas, pero ¿sería entonces inmoral abortar antes del sexto mes cuando antes no lo era? Una moralidad que depende de la tecnología y cambia con ésta es una moralidad frágil y, para algunos, inaceptable.

Es más, ¿por qué han de ser la respiración, el funcionamiento de los riñones o la capacidad de resistir las enfermedades, por ejemplo, justificativos de la protección legal? ¿Sería admisible matar un feto que revelase pensamientos y sentimientos pero que no fuera capaz de respirar? A nuestro juicio, el argumento de la viabilidad no puede determinar de manera coherente cuándo son admisibles los abortos. Se requiere otro criterio. Una vez más, ofrecemos la consideración del primer atisbo de pensamiento humano.

Puesto que, por término medio, el pensamiento fetal comienza a manifestarse incluso después del desarrollo fetal de los pulmones, creemos que la sentencia del caso Roe contra Wade fue una decisión buena y prudente respecto de una cuestión compleja y difícil. Con la prohibición del aborto en el último trimestre (excepto en los casos de grave necesidad médica ) se alcanza un equilibrio justo entre las reivindicaciones enfrentadas de la libertad y de la vida.



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